3. Una vez más, el desierto es el altavoz de Dios. Antaño lo fue para Moisés, y en este episodio lo es para Juan el Bautista. En tan árido entorno, ambos siervos de Dios fueron sus portavoces escogidos.
3. Una vez más, el desierto es el altavoz de Dios. Antaño lo fue para Moisés, y en este episodio lo es para Juan el Bautista. En tan árido entorno, ambos siervos de Dios fueron sus portavoces escogidos.