Impaciencia

Me da la sensación de que para la mayoría de nosotros al día le faltan horas, que al final de la jornada, probablemente, siempre nos quedan cosas por hacer. Y es que nuestro frenético mundo amenaza con aplastarnos si no le seguimos el paso que nos marca. Esto nos obliga a priorizar de forma efectiva. Porque treinta kilos no caben en un saco de quince, debemos ser selectivos con todo aquello que ponemos dentro y, por ende, con todo aquello que dejamos fuera. Pero con todo, es fácil caer en la impaciencia y empeñarnos en saturar “el saco” hasta que empiece a romperse. Parecemos estar siempre convencidos de que aún se pueden hacer las cosas un poco más deprisa. De esta manera tan sutil una inclinación a la impaciencia encuentra su camino en nuestras vidas.

Esta tendencia a impacientarse casi siempre nos pasa desapercibida. De hecho, es una actitud ampliamente consentida que llega a considerarse algo positivo, al menos en determinadas situaciones. Los hombres de negocios que se muestran impacientes se les suele considerar eficientes y resolutivos ¿Por qué, entonces, debemos considerar la impaciencia un pecado cuando puede ser tan beneficioso en un mundo tan trepidante? ¿Qué hay de malo en ello cuando nuestra sociedad considera que es incluso una aptitud necesaria para prosperar profesionalmente ¿qué hay de malo en la impaciencia?

En primer lugar, debemos recordar que la impaciencia es una clara manifestación del orgullo humano. Somos impacientes porque, simplemente, queremos «ser como Dios» (Génesis 3:5), quien es el único que puede hacerlo todo a tiempo y en su momento. La impaciencia es consecuencia de la frustración que supone no ser como nuestro creador, y querer llegar a serlo a toda costa. Y puesto que el orgullo es, en realidad, «el gran pecado» tal y como nos dice C.S. Lewis, no debemos darle licencia ni pasarlo por alto en ninguna de sus manifestaciones.

En segundo lugar, diremos que la paciencia es fruto del Espíritu (Gálatas. 5:22). Todos los cristianos, por definición, somos morada del Espíritu Santo (Romanos. 8:9-11). Por lo tanto, si el Espíritu Santo produce en nosotros paciencia, cada cristiano debería manifestarla sin cesar mientras abundamos en ella cada día más. La paciencia no es una opción para el cristiano, del mismo modo que tampoco lo es poseer el Espíritu Santo. Así que, dar licencia a la impaciencia es, de hecho, negar que los cristianos seamos morada del Espíritu Santo, o insinuar que el Espíritu Santo no va a producir este fruto en nuestras vidas. Ni una cosa ni la otra son ciertas bíblicamente hablando.

SALMOS 5

Señor, a ti imploramos. Tú eres nuestra fortaleza y nuestro auxilio y nuestro sustentador. Tú rechazas toda maldad, los orgullosos no pueden permanecer en tu presencia, no soportas la mentira, y todos los violentos recibirán su merecido. Santifícanos, Señor, apartándonos de todas estas cosas. Pon humildad en nuestros corazones para entrar en tu casa y estar delante de tu presencia. Pon caminos de justica delante nuestro. Haznos ver el futuro que aguarda a aquellos cuya lengua es como un sepulcro abierto, aquellos que se han rebelado contra ti. Se tu nuestro refugio y nuestro gozo. Bendícenos en tu nombre. En el nombre de Jesús. Amén.

LEVÍTICO 6

Dios y Padre celestial. Te pedimos que nos apartes de toda mentira, ayúdanos a no participar de sus viciados tentáculos, no permitas que nos deje indiferencia toda forma de violencia e injusticia. Ayúdanos a ser fieles y justos.  

Gracias por haber propiciado nuestro perdón muriendo en nuestro lugar en la cruz. Te pedimos perdón, una vez más, por nuestras ofensas, y te pedimos que por la misma gracia que nos ha perdonado nuestras vidas te sean un sacrificio agradable. Aparta todo aquello que pueda contaminarnos. Te pedimos que nos cubra tu santidad para poder ministrar el sacerdocio que nos ha sido encomendado. Llénanos de tu temor para que así sea. En el nombre de Jesús. Amén. 

COLOSENSES 3

Señor, te pedimos perdón por nuestra fijación en las cosas de este mundo, ayúdanos a buscar aquellas que están arriba contigo. Ayúdanos a aguardar con gozo y esperanza el día de tu manifestación. Ayúdanos a “matar” todo aquello que es idolatría en nuestra vida. Que destruyamos sin contemplaciones toda forma de inmoralidad sexual, impureza, lujuria, malos deseos o avaricia. 

Haz también que nuestro comportamiento sea ejemplar. No cayendo en la ira, la calumnia, o el lenguaje obsceno. Que la mentira no salga de nuestros labios ni habite en nuestro corazón. Más ayúdanos a vivir en ti. A practicar nuestra nueva vida. Danos sabiduría y espíritu constante de gratitud y adoración. Pon espíritu de amor y de unidad en nuestros matrimonios, de obediencia a nuestros hijos, de paciencia a nuestros padres. Haznos también trabajadores ejemplares. Y sea lo que sea aquello que hagamos, sea hecho para ti, y no para los hombres. En el nombre de Jesús. Amén. 

PROVERBIOS  20

Señor, no pasamos por alto el problema de las adicciones. Te pedimos que nos guardes de las que no tenemos, y nos libres de las que nos esclavizan, aun quizá sin saberlo. Haz que seamos personas de paz, siempre dispuestas a dialogar sosegadamente. Líbranos también de toda indolencia. Ayúdanos a ser voluntariosos, haznos íntegros y dignos de confianza. Perdona nuestros pecados. Haz que te conozcan a ti por nuestras buenas obras. En tu nombre te lo pedimos. Amén.  

SALMOS 3-4

Señor, sé tú nuestra esperanza, gloria, protección, paz y confianza. Porque tuya es nuestra salvación y tú eres nuestro sustento. Líbranos de nuestras aflicciones. Apártanos de las mentiras y la vanidad de este mundo. Ayúdanos a serte fieles en cada situación. No haya pecado oculto en nuestras vidas. Muévenos a ofrecerte sacrificios de justicia que te agraden. Vea todo el mundo tus bondades. Alabado y bendito seas por el gozo que has derramado sobre nosotros y por la paz que sentimos a tu lado. En tu santo nombre. Amén.

LEVÍTICO 5

Señor, hoy, una vez más, te pedimos perdón por nuestro pecado. Somos conscientes de su influencia en todo lo que pensamos, decimos, o hacemos. No queremos ignorar nuestra culpa. Por eso, queremos reconocer y confesar la necesidad de tu perdón. Porque tú eres nuestra expiación, el sacrificio que quita y borra para siempre nuestro pecado. Ayúdanos, a responderte con gratitud sin apartarnos de la sombra de la cruz. Alabado y bendito seas. Amén. 

COLOSENSES 2

Señor, alienta nuestros corazones, y mantenlos unidos en amor para alcanzar las riquezas de tu conocimiento en Cristo, en quien tenemos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento. Mantén nos alejados de toda mentira y de aquellos que las propagan. Ayúdanos a andar en ti, rebosantes de gratitud. Y que nadie nos ate, ni con vanas tradiciones, ni con los principios mundanos. En tu santo nombre. Amén.

PROVERBIOS 19

Señor, pon en nosotros integridad, a pesar del coste que conlleva. Ayúdanos a tener en gran estima el conocimiento. A desechar la mentira. A no ignorar al pobre y al necesitado. A ser trabajadores y prudentes. Danos también un corazón humilde presto a ser disciplinado, aconsejado o reprendido. Abre nuestros ojos para ver que nada hay más deseable que la bondad. Y que en tu temor está el camino a la vida Amén.

SALMOS 1-2

Señor, alabado y bendito seas por habernos dejado tu Palabra. Abre en nosotros el apetito y así poder nutrirnos. Despierta nuestro paladar para que se deleite en ella. Que sepamos apreciar todas las bendiciones que conlleva creerla y obedecerla.

Señor, no dejes que pongamos nuestra confianza en este mundo, sus riquezas, su poder, o sus naciones. Que nuestra lealtad sea con la Jerusalén celestial y su gran Rey. Adorado, reverenciado, y temido sea. Sé tú nuestro gozo. Sé tú nuestro refugio, porque tu ira pronto se encenderá. Amén.