1 CORÍNTIOS 10

Hoy rogamos por nuestra comida y bebida espiritual: Jesucristo. Nuestra necesidad más perentoria. Pero, al mismo tiempo, pedimos que, participando de lo santo, no seamos también idólatras deseando todo aquello que es malo. Que no nos gobiernen deseos de inmoralidad sexual, ni de hedonismo materialista, o rebeldía. Porque nadie puede escapar a la ira de Dios. Que sepamos ver el peligro que esconde toda tentación para pedir ayuda en el momento oportuno a aquel que ha vencido. Porque sí oramos, el Señor siempre dará una salida.

Pedimos, además, al Maestro sabiduría de lo alto para discernir lo que es realmente bueno. Porque, aunque todo nos es permitido, ciertamente, no todo conviene. Imploramos pues conocimiento para discernir aquello que de verdad edifica: Buscar el bien común antes que el propio. Dar un testimonio fiel a cualquier persona, y en cualquier circunstancia. Un corazón siempre agradecido. Buscar la Gloria de Dios en todo lo que hacemos. Y un anhelo entrañable que nos haga fieles administradores de la Gracia divina.