JUAN 10

Señor, en medio de tantas voces, ayúdanos a reconocer la tuya. La que nos conoce y sabe nuestro nombre. Guárdanos de las voces extrañas, aquellas que nos engañan. Sé tú nuestro punto de partida, y nuestro lugar de regreso. Porque nadie nos ama, ni nos podrá amar más que tú.

Nos gozamos y alegramos de formar parte de tu rebaño. Entre hermanos de toda raza, pueblo y nación. Te alabamos y bendecimos por haber puesto tu vida en favor nuestro. Por haberte encontrado, y por habernos dado la Vida Eterna. Hoy te pedimos que a través de nuestras obras muchos puedan ver que tú vives en nosotros, y nosotros en ti. Que crean al ver que lo que decimos de ti es cierto. En el nombre de Jesús. Amén.

JUAN 9

Señor, abre nuestros ojos para ver. Cura todas nuestras enfermedades y dolencias. Haz que tu obra en nosotros no deje a nadie indiferente. Que todo el mundo sepa que tu eres nuestro Señor, hacedor, y salvador. Ayúdanos a no negarte, a pesar de las malas consecuencias que pueda tener. Que nada corrompa ni sustituya la fe que hemos depositado en ti. Porque sólo tú eres el Hijo de Dios, y sólo tú nos has abierto los ojos. Que nada detenga nuestra adoración. En el nombre de Jesús. Amén.

JUAN 8

Señor, danos luz para ver nuestro propio pecado. Líbranos de todo espíritu de juicio y de condena. No nos dejes caer en tentación. Sé tú, Señor, nuestro principio y nuestro fin. Acompáñanos en nuestro andar diario, que nada permanezca oculto ante tu mirada, y que nuestro testimonio sea fiel. Aumenta nuestra fe en ti. Ayúdanos a permanecer en ti y en tu Palabra. Danos la libertad que tanto anhela nuestra alma. No dejes que huyamos de la verdad. No dejes que busquemos nuestra gloria, porque por ella juzgamos a los demás.

Alabado y bendito seas porque la bendición de guardar tu Palabra trasciende la misma muerte. Y porque siempre has estado ahí, desde antes de la fundación del mundo. Amén.

JUAN 7

Señor, danos fuerzas para hacer tu voluntad, en lugar de la de los hombres. Ayúdanos a permanecer firmes en ti. A pesar del odio que ello pueda suscitar en este mundo. Haznos preferir tu voluntad a la de las multitudes, o incluso a la de aquellos que nos son cercanos. Que buscando tu gloria encontremos tus caminos de justicia. Que en nuestra autojustificación no invalidemos tu gracia. Perdona nuestros pecados. Admitimos lo tardíos que somos para obedecer.

Danos de beber del agua de vida, Señor. Que ella brote también de nuestro ser. Llénanos, Señor, de tu Santo Espíritu. Que no hablemos antes de haberte escuchado primero. En el nombre de Jesús. Amén.

JUÁN 6

Señor, haznos ver hoy que tú eres nuestra primera necesidad. Ayúdanos a entender que a tu lado nada nos va a faltar ¿A quién iremos? Si sólo tú eres el pan de vida. Haznos ver también que tus caminos no son los nuestros ni los de este mundo. Ayúdanos a encontrarte en la soledad y a desechar la gloria de los hombres. Danos valor para no temer las aguas bravas que preceden tu venida. Y danos fuerzas para trabajar por el alimento que permanece para vida eterna. Sácianos con fe en tus palabras. Estamos tranquilos y confiados en tus manos. Aquellas que nos levantarán el día de la Resurrección.  Gracias por haber muerto en la cruz en favor nuestro. Por el pan y el vino que nos han dado vida. Gracias por habernos traído a tus pies. En el nombre de Jesús. Amén.

JUAN 5

Señor, haznos ver que nuestra primera necesidad siempre eres tú. No dejes que perdamos el tiempo en conjeturas que difícilmente llevan a alguna parte. Cura toda dolencia, Señor. Empezando por aquellas que son consecuencia de nuestro propio pecado. Que nuestra respuesta sea la gratitud y adoración que sólo tú mereces. Dirige nuestros pasos para que no pequemos más. Que, a partir de ahora, nuestra alabanza sea sincera, y honesta, sin la tutela de nadie.

Ayúdanos, Señor, en medio de la persecución que implica honrarte ¿Quién aceptará que eres el Hijo de Dios y que tus obras son las obras de tu Padre?  No dejes que dudemos de tus obras. Las que has hecho, las que haces, y las que harás. Danos vida, con toda la esperanza que ello conlleva. Ayúdanos a entender que nuestro propósito no puede ser otro que honrarte.

Abre nuestros oídos para escuchar tu Palabra, y a creerte. Descienda sobre nosotros la vida eterna. El puente que nos lleva a ti sin temor. La salvación que nos hace pasar de muerte a vida.

Señor, que tu Palabra sea el medio natural donde te podamos encontrar. Que no nos sea piedra de tropiezo. Despierta en nosotros amor por ti. No dejes que usurpemos la gloria que hay en ella. Pon en nosotros la esperanza que emana de tu libro. Abre nuestros ojos para que podamos ver que ella sólo habla de ti. Amén.

JUAN 4

Señor, ayúdanos a aprender cada día de ti. Muéstranos tu voluntad no solo para el futuro, también para hoy, libranos de los peligros del camino, guíanos en medio de la persecución, danos el agua que sacia nuestra sed, fuerza y ánimo para seguir adelante.

Durante el camino, líbranos del prejuicio y de cualquier forma de supremacía. Que las tradiciones nunca se antepongan a tu Palabra. Que tu amor sea nuestra motivación, y tu Santo Espíritu nuestra guía a toda verdad. Que nuestra alabanza y adoración sean en espíritu y en verdad.

Tú eres el Mesías esperado, Señor. Ayúdanos a permanecer cerca de ti y así poder escuchar todas las cosas. Danos de comer tu santa voluntad. Muéstranos los campos blancos listos para la siega y llévanos a cosechar lo que tu has sembrado. Muévenos a gozarnos contigo mientras recogemos frutos para vida eterna.

Aparece en nuestro camino Señor, para que nuestro testimonio sea verdadero. En nuestra miseria entendemos que tú eres el Salvador del mundo. Trae hoy vida a cada uno de nuestros hogares. En tu santo nombre lo pedimos. Amén.

JUAN 3

Hoy pedimos al Señor que, habiendo nacido de nuevo, nos muestre su Reino. Pedimos el difícil, pero necesario abandono a su Espíritu. Dejar que Él nos mueva y nos dirija, a pesar de la incertidumbre e inseguridad que ello conlleva.

Adoramos al Señor, y le damos gracias por haber derramado hasta la última gota de su amor por nosotros muriendo en la Cruz en nuestro lugar. Le agradecemos la salvación eterna de la cual ya somos partícipes habiendo creído.

Nos acercamos pues a la luz, habiendo sido perdonados, no tenemos nada que temer. Pudiendo ver con claridad, pedimos fuerzas al Señor para seguir sus pasos. Ahora sabemos que no podemos tener nada si Dios no nos lo da primero. Y que necesitamos que el crezca mientras nosotros menguamos.

Pedimos fe para oír y creer a aquel que está por encima de todos. Porque, al contrario de los hombres, Él es veraz. Y Dios no niega a nadie su Espíritu. Nos entregamos pues a Él en gratitud por habernos salvado eternamente.

JUAN 2

Hoy damos gracias al Señor por habernos hecho partícipes de su gozo. Le damos gracias por podernos alegrar en la comunión que nos otorga su Gracia y su misma presencia.

Le damos gracias por ese gozo, aunque no esté exento de sufrimiento. Pensamos en todo lo que le costó a Él, muriendo allí en la cruz por nosotros. Entendemos, pues, que el verdadero gozo en la vida se obtiene a través del sacrificio. Pero también vemos que no existe mayor gloria. También pedimos al Señor no manchar lo santo con lo profano. Huir de cualquier tentación que implique mercadear con lo santo. Que las pasiones de esta vida y el amor al dinero no enturbien nuestro testimonio mientras arruinan nuestras vidas. Porque el celo de nuestro Señor por su iglesia no lo pasará por alto. Porque, ciertamente, Él no nos necesita, y nada detendrá su Reino. Afirmemos hoy pues nuestra fe, porque no tenemos que demostrar nada a aquel que sabe perfectamente como somos.

JUAN 1

Hoy alabamos y bendecimos al Señor por su deidad. Porque él es el Eterno, el único Dios verdadero. Porque todas las cosas fueron creadas por Él, y por Él subsisten. Porque Él es la única luz que puede sacarnos de la oscuridad. Y por ella, le hemos reconocido y hemos sido vivificados.

Pedimos que el reflejo de su luz sea manifiesto en nuestro testimonio para que todos los que nos observan puedan creer en el Evangelio a través de Él. Le alabamos y bendecimos porque, tras haberle recibido por la fe, hemos sido declarados hijos de Dios.

Le alabamos y bendecimos porque en su humanidad vimos su gloria, gloria recibida del Padre, llena de gracia y de verdad. Le alabamos porque Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Le agradecemos, también, su generosidad con nosotros tras habernos bendecido con toda bendición espiritual. Porque en Él (Jesucristo) recibimos la Gracia y la Verdad.