1 Samuel 2:2

No hay santo como el SEÑOR; en verdad, no hay otro fuera de ti, ni hay roca como nuestro Dios. (1Sa 2:2)


¡Adorad al Salvador, vosotros los que le conocéis!
¿Quién puede decir cuánto le debemos?
Con alegría rindámonos a Él,
Todo lo que somos, y todo lo que tenemos.
THOMAS KELLY (1769-1855)


Te alabo, oh Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque solo tú eres digno de mi alabanza y adoración. Te la doy hoy en sacrificio. En el nombre de Jesús. Amén.

Josué 6:9

9. Cierto es que Dios nunca abandona su pueblo. Nunca lo deja sin protección. Aunque no sean visibles a los ojos de la carne, “más son los que están con nosotros que los que están con ellos”. Ciertamente nuestro defensor y escudo va delante de nosotros, por lo tanto, no debemos  temer. Proclamemos, pues las buenas nuevas, no nos cansemos de anunciar el Evangelio, y no nos cansemos de andar por fe. Nuestras vidas y nuestras palabras deberían levantar alabanza y adoración a nuestro Dios entre los que nos rodean. La Palabra de Dios es nuestro respaldo, nuestra guía, y nuestra garantía. Ella da testimonio del Señor Jesucristo. Ella nos inspira y nos mueve a la alabarle y a adorarle durante toda nuestra andadura.
Aquel festival de adoración y proclamación del nombre de Dios era continuo mientras rodeaban la ciudad. Las trompetas no descansaban, no había notas inciertas, y el sonido no cesaba mientras caminaban.
Pero para que todo esto pueda darse en nosotros es necesario que vayamos limpios, que nos alejemos de toda impiedad, que la Palabra de Dios limpie nuestros pies y nuestras manos. Somos la luz de este mundo, y el mismo amor que nos ha perdonado y curado a nosotros debe hacerlo también a los que nos rodean mediante nuestras vidas, nuestras obras.
Es de notar que mientras el Pueblo de Dios caminaba rodeando la ciudad, estos permanecían en silencio, y solo se oían las trompetas. No fue hasta la séptima vuelta del séptimo día que se oyeron sus voces. Así que lo importante es hablar, no cuando nos apetezca, sino cuando el Señor quiera. En la proclamación del nombre de nuestro Señor no vale ir por libre. Hay que conocer muy bien la melodía, y hay que cantar cada estrofa solo cuando lo indique la partitura de la gran obra sinfónica de Dios.

Pues no saldréis precipitadamente, ni iréis como fugitivos; porque delante de vosotros irá el SEÑOR, y vuestra retaguardia será el Dios de Israel.
(Isa 52:12)

Josué 6:4

4. Quizá podríamos decir de este versículo que por cada vez que anunciemos el juicio de Dios, deberíamos orar en silencio 6 veces. Ciertamente la Palabra de Dios debe ser predicada con toda su fuerza, pero también a su debido tiempo, y siempre con el respaldo del Espíritu Santo. Pero esto solo ocurrirá si nos entregamos previamente a la oración.

Siete sacerdotes, siete trompetas, el séptimo día, siete vueltas a la ciudad. El número siete destaca en este pasaje. El llamado número perfecto, tiene muchos parangones en la Escritura:

  • Siete días tiene la semana.
  • Siete pares de animales limpios entraron en el arca.
  • Siete veces rociaba el Sacerdote en el tabernáculo delante del Señor.
  • Siete lámparas tenía el candelero que vio el profeta Zacarías simbolizando los siete espíritus de Dios.
  • Siete son las iglesias del Apocalipsis simbolizadas con 7 candeleros con siete estrellas que simbolizan sus ángeles.
  • Siete sellos tiene el libro de la vida.
  • Siete cuernos y siete ojos simbolizan también los siete espíritus de Dios que rodean la Tierra.
  • Siete trompetas tocarán los siete ángeles del Apocalipsis.
  • Siete son las copas de la ira de Dios también en apocalipsis.
  • La palabra “jurar” en hebreo está basada en la palabra “siete”.

Las siete vueltas a la ciudad el séptimo día, y los siete días en total evocan la Creación. El séptimo día se terminó la creación, y un séptimo día terminaría el éxodo de Egipto. Por lo tanto, pronto iba a iniciarse un nuevo orden.

Una vez más, este nuevo desafío demandaba “fe” al pueblo de Dios, fe para emprender una nueva andadura. Pero juntamente con ello, Dios les estaba pidiendo un nuevo esfuerzo que corroborase esa confianza depositada en Él.

El sonido de las trompetas, en realidad, anunciaba la presencia de Dios. El tipo de trompeta utilizado, cuerno de carnero, no emitía el sonido característico de las trompetas de guerra, sino que emitía un sonido que evocaba  el jubileo. Aquel era un sonido del gozo y de la alegría. Así que el Señor, en realidad, no les estaba mostrando ninguna estrategia militar a seguir, sino más bien les daba indicaciones para celebrar un acto ceremonial de adoración y alabanza a Él.

Sucederá también en aquel día que se tocará una gran trompeta, y los que perecían en la tierra de Asiria y los desterrados en la tierra de Egipto, vendrán y adorarán al Señor en el monte santo en Jerusalén. Isaías 27:13 (LBLA)