2 CORINTIOS 13

Padre amado, aparta de entre nosotros cualquier espíritu inquisitivo. Que no sea nuestra dedicación escrutarnos mutuamente. Más bien te pedimos que nuestro empeño sea descubrir a Cristo entre la comunión de los miembros de su iglesia. Por ello pedimos que nuestro amado Salvador se haga fuerte entre la humildad de su pueblo. Que la debilidad del Crucificado sea nuestra fortaleza.

Que cambiemos el examinarnos los unos a los otros por el auto escrutinio. Que testeemos a Cristo viviendo en nosotros por la fe. Que abandonemos todo empeño de frenar la verdad, más bien nos unamos a ella. Que entendamos que sólo por nuestra debilidad vendrá nuestra restauración.

Mientras tanto, que nuestra pasión sea: regocijarnos en el Señor, contribuir a la restauración de todas las cosas, confortarnos los unos a los otros, buscar la concordia, y vivir en paz. Siempre arropados por la Gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. Amén.

2 CORINTIOS 12

Padre amado, perdona toda nuestra vanagloria. Haznos ver que, gloriarse en uno mismo no sirve de nada. Te damos gracias por todo lo que nos has revelado, por todas las riquezas celestiales que hay detrás de nuestra esperanza en Cristo Jesús. Mientras tanto, danos paciencia y ánimo para soportar nuestros “aguijones” terrenales. Todo aquello que nos humilla a través del sufrimiento.

Sabemos, en el fondo, que te hemos de dar gracias por todas nuestras flaquezas y debilidades. Porque en ellas descansa tu poder, y en ellas nos fortaleces. Aparta, pues, todo espíritu de superioridad espiritual o moral, tanto en nosotros, como en aquellos que nos ministran.

Te pedimos perdón por nuestra poca paciencia, y falta de amor. Te rogamos, una vez más, que tu amor cubra todas nuestras faltas. Que no haya entre nosotros discordias, envidias, enojos, egoísmos, habladurías, críticas, orgullos o toda forma de desorden. Ayúdanos a vivir y a hablar constantemente en tu presencia, sin nada que ocultar. Que no tengas que avergonzarte de nosotros. Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

2 CORÍNTIOS 11

Hoy pedimos tener presente el Evangelio en toda nuestra concepción de la vida. Aún a sabiendas que es una auténtica locura. Pedimos también no dejarnos seducir por “otros” evangelios más “razonables” o “convenientes”.

Que nuestro deseo sea presentarnos delante de Cristo sin mancha. Sin nada de qué avergonzarnos.

Que no nos dejemos “engatusar” por todos los “super-apóstoles” que han salido a reinventar el Evangelio. Que no evaluemos la vida o las personas a través del prisma del dinero o la prosperidad económica. Más bien, tengamos claro que seguir al Señor conlleva la adversidad, la vulnerabilidad, el peligro y el menosprecio de muchos. Porque, ciertamente, sólo podemos gloriarnos en nuestra debilidad.

2 CORINTIOS 10

Hoy pedimos al Señor abandonar toda carnalidad. Que nuestras motivaciones no tengan nada que ver con los intereses, las estrategias y el egocentrismo de este mundo. Más bien que nuestro poder sea del Espíritu Santo, para derrocar fortalezas espirituales de maldad.

Porque Él es el único que puede capacitarnos para refutar toda teoría, razonamiento o altivez erguido contra el verdadero conocimiento de Dios. Y para ello, debemos primeramente llevar todo pensamiento cautivo a Cristo.

Pedimos, pues, ser reflejo de su Gloria, y no negarla a nadie. Tampoco a aquellos que también son nuestros hermanos. Porque todo poder y autoridad de Dios sólo pueden edificar su iglesia, nunca destruirla ni diezmarla. Por ello pedimos que nuestras obras correspondan siempre con nuestras palabras.

Pedimos también no poner límites al poder de Dios. Que no haya “competencia” entre nosotros, siendo todos miembros de un mismo cuerpo y portadores de un solo Evangelio. Que nuestra única gloria sea Cristo. Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba.

2 CORINTIOS 9

Hoy pedimos a Dios una mano dadivosa, abierta y dispuesta a sembrar con generosidad para recoger después con abundancia. Practicando el altruismo como forma de vida, no por obligación, ni a desgana, sino con gozo. Sabiendo que más bienaventurado es dar que recibir. Pedimos también que, por su gracia, nos haga abundar en buenas obras. Cuidándonos los unos de los otros. Y contribuyendo a la proclamación del Evangelio con liberalidad.

2 CORINTIOS 8

Hoy pedimos al Señor que el maravilloso don de la Gracia de Dios se extienda entre nosotros como las aguas del mar. Que en medio de tiempos difíciles y de angustia sepamos ejercitar la generosidad como familia que somos en Cristo Jesús. Especialmente con aquellos que obedecen el llamado de Dios.

Que sepamos invertir en la gracia que profesamos con generosidad, juntamente con la fe, la predicación, y un amor no fingido. Que tengamos como supremo ejemplo al Señor Jesús, que se despojó así mismo de toda su gloria haciéndose pobre para que nosotros fuésemos ricos.

Que, con amor fraternal, sepamos ayudarnos los unos a los otros, para que ninguno tenga escasez, pues ciertamente nos necesitamos los unos a los otros.

Por último, pedimos un sentir de camaradería. Sintiendo que todos trabajamos en la misma empresa, teniendo como única misión: Llevar toda la Gloria posible al Ungido de Dios, nuestro Rey Libertador, llevando como bandera su caridad y bondad entre nosotros.

2 CORINTIOS 7

Hoy alabamos y bendecimos a Dios por las promesas tan extraordinarias que nos ha hecho. Teniendo un futuro tan esperanzador, le pedimos que nos limpie de cualquier actitud o distracción que enturbie un escenario tan idílico.

Pedimos, por lo tanto, un espíritu de camaradería, de abandono de todo orgullo, y de gozo compartido, a pesar de toda aflicción. Pedimos también que aleje de nosotros todo afán competitivo o de contienda. Que nuestra ocupación sea preocuparnos los unos de los otros, especialmente de aquellos que se dedican a la obra de Dios.

Pedimos, también que toda circunstancia, por dificultosa que sea, nos acerque aún más a Dios. Que no sea motivo de recelo o amargura. Sabedores que toda prueba nos puede vivificar aún más, hacernos más conscientes, más sensatos, más reverentes, más humanos, más apasionados, y más responsables.

Que, siendo todos miembros de un solo cuerpo, no caigamos en el error del juzgarnos los unos a los otros, porque ¿cómo podrá el cuerpo dañarse a sí mismo? Más bien, cuidémonos los unos a los otros, porque los lazos fraternales que nos unen no pasan desapercibidos delante de Dios. Así que, seamos motivo de orgullo mutuo, siendo notoria nuestra obediencia, dignidad, sensibilidad y hospitalidad.

2 CORINTIOS 6

Hoy alabamos y bendecimos a Dios por su Gracia. Porque sólo por ella ha escuchado nuestro clamor desde el pozo de nuestra desesperación, porque por ella nos ha sanado de nuestras horribles enfermedades. También porque por ella su obra continua, a pesar de nuestras flaquezas y debilidades. Por que por ella somos sostenidos, en medio de tribulación, pruebas y dificultades. Porque por ella hemos recibido el Espíritu Santo, quien da sus frutos de sabiduría, mansedumbre, bondad y amor sincero. Porque por ella, Dios manifiesta su justicia y su poder, mientras la verdad prevalece sobre la mentira. Porque por ella tenemos gozo, aún en medio del dolor, somos ricos, aun siendo pobres, y bendecimos a aquellos que sufren y padecen necesidad.

Pedimos pues, que por su Gracia Dios siga ensanchando nuestros corazones, a pesar de nuestra resistencia, tantas veces. Teniendo contacto con el mundo, pero sin participar de las obras de las tinieblas, ni caer en la idolatría. Porque somos su pueblo, templos del Dios viviente, Él anda entre nosotros, y vive en nosotros. Es nuestro Dios y Padre, Señor todo poderoso. Ahora y siempre.

2 CORINTIOS 5

Alabado y bendecido sea Dios porque si esta tienda terrenal, que es nuestro cuerpo, es destruida, tenemos de Dios un edificio eterno en los Cielos. Le damos gracias y nos llenamos de gozo y esperanza al saber que de una forma o de otra pronto lo mortal será absorbido por la vida. Testimonio nos da de ello el Espíritu Santo que nos ha sido dado. Mientras tanto pedimos al Señor que nos conceda el serle agradable en toda nuestra manera de vivir. Porque cada uno de nosotros debe compadecer ante el tribunal de Cristo, no para ser condenados, sino para ser recompensados por todo aquello que hicimos estando en este cuerpo.

Pedimos pues, empaparnos del temor de Dios, para ser alabados por Él, y reconocidos por los hombres. Pedimos sabiduría para responder a los que viven a Cristo de apariencias y no de corazón. Que el amor de Cristo nos apremie en esta bendita locura: Vivir en y para Cristo. Porque nuevas criaturas somos en Él ¡Reconciliémonos con nuestro Señor!

2 CORINTIOS 4

Hoy nos presentamos delante de Dios pidiendo fuerzas y sabiduría para administrar fielmente todas las riquezas de su Gracia. Limpiamos nuestras conciencias delante de su cruz, dejando atrás todo escondrijo de: vergüenza, astucia, o adulteración interesada de la Palabra de Dios.

Por el contrario, nos presentamos con total trasparencia delante de toda conciencia humana, para que la verdad de Dios fluya bidireccionalmente a través de nosotros. Por ello, imploramos al Señor que abra los ojos al Evangelio de aquellos que permanecen ciegos. Renovamos nuestro compromiso como siervos y siervas delante de nuestro Señor Jesucristo. Para que la luz de su faz encuentre reflejo en cada uno de nuestros corazones. Conscientes de que el poder es siempre de Dios y no nuestro.

Igualmente, damos gracias al Señor por el consuelo, el sustento y las fuerzas que nos da para seguir adelante en medio de dificultades y tribulaciones.  Muriendo cada día en Cristo, para que en su muerte Su vida sea también manifestada en nosotros.

Pedimos también una fe más consolidada, que tenga su expresión en un testimonio natural con todo aquel que demande razón de la esperanza que albergamos.

Así que, nos gozamos en Dios, porque, aunque este hombre/mujer exterior se va desgastando, el interior se va renovando proporcionalmente día a día. Sabedores de todo el peso de gloria que vamos acumulando, no mirando las cosas que se ven, que son temporales, sino las que no se ven, que son eternas.