Salmo 119:161-162

161 Príncipes me persiguen sin causa,
pero mi corazón teme tus palabras.
162 Me regocijo en tu palabra,
como quien halla un gran botín. Salmos 119:161-162


El Padre le escucha orar,
Es la oración de su querido Ungido;
Y es que no puede rechazar,
La presencia de Su Hijo.
CHARLES WESLEY (1707-1788)


Te anhelo, Oh Majestad en las alturas, tu bendita presencia me abruma hasta tal punto que solo puedo alabarte en silencio, enmudecido de admiración. Tu preciosa Palabra me deja estupefacto. En el nombre de Jesús. Amén.

 

 

Josué 6:2

Josué 6:2. Es bueno escuchar, y escuchar distintas voces, pero lo que de verdad nos interesa es lo que Dios nos está diciendo. Porque sus palabras tienen más valor lo que digan o lo que piensen los hombres, incluidos nosotros mismos.

Para Dios no somos un mero número, un individuo más en la muchedumbre. Tenemos un nombre y el Señor lo conoce. Su relación con nosotros solo puede ser personal. Igual que para Dios 1000 años son como 1 día, y 1 día es como 1000 años. Toda la humanidad tiene el valor de un hombre, y un hombre el valor de toda la humanidad.

Nuestra es la batalla que el Señor nos encomienda, pero solo suya es la victoria. En la vida, solo aquello que procede de Él puede considerarse verdaderamente un logro o una bendición. Y es que, en última instancia, todo le pertenece, sea bueno o malo, no hay nada ni nadie que pueda, o haya podido, resistir el poder de su Palabra. No hay nombre más alto ni poderoso que el suyo. Este mundo con todos sus bienes, con todos sus poderes económicos, políticos o militares nada tiene que hacer cuando se enfrenta al Dios todopoderoso. “Yo he entregado”, ha dicho Dios en pretérito profético. Esto significa que habla en pasado de algo que aún tiene que ocurrir, por lo tanto, ocurrirá con toda certeza.

Dios podría manifestar su poder por sí mismo, pero Él ha querido manifestarlo a través de su pueblo. Él quiere realizar proezas, en y por nosotros, para que hombres incrédulos le conozcan y le teman.

Lamentablemente solemos acobardarnos ante los grandes retos, las grandes pruebas o las muchas dificultades que conlleva la vida. Pero eso no es del todo malo si somos capaces de poner nuestra flaqueza y temor en Sus manos. Porque es cuando nos sentimos indefensos y débiles cuando debemos confiar, tener fe, y esforzarnos para cobrar valentía en los poderosos brazos de su Gracia.

No lo dudemos más, si Dios nos ha dado Jericó, este será verdaderamente nuestro. Pase lo que pase, el Reino de los Cielos es nuestro, porque es el Señor quien nos lo ha entregado.

Salmo 35:28

28 Y mi lengua hablará de tu justicia, Y de tu loor todo el día.
Reina-Valera Antigua Salmo 35:28 (RVA)


Pronto vendrá el día encantador
Cuando a casa me llevará mi amado Señor,
Y allí veré su rostro
SAMUEL MEDLEY (1738-1799)


Oh, ven, amado Señor, y llena mi corazón con bendito deseo por ti. Levanto mi corazón a ti anticipando el resplandor de tu bendito rostro. Amén

Josué 6:1

LA CONQUISTA DE JERICÓ

Nos encontramos ante los albores de la conquista de Canaán. Y para empezar nos topamos nada más y nada menos que con la gran ciudad de Jericó, famosa por sus inexpugnables murallas.

Josué 6:1-20

En los primeros veinte versículos Josué dirige a los israelitas rodeando la ciudad de Jericó, siguiendo el arca del pacto, y al séptimo día, los sacerdotes hacen sonar fuertemente sus trompetas haciendo caer sus murallas.

1. Si la gran ciudad de Jericó se hallaba cerrada “a cal y canto” a causa de los hijos de Israel; no podemos esperar tampoco nosotros que “nuestras grandes ciudades” abran igualmente sus puertas de par en par y nos dejen entrar.

La causa, nos dice el texto, eran “los hijos de Israel”. Hoy nosotros no somos aquellos “hijos” de Israel, tampoco lo somos de sangre, pero sí de adopción. Y aún más que esto, somos “hijos de Dios” redimidos por la sangre el Hijo de Dios, Jesucristo, derramó en la cruz. Así que por pura gracia, no por mérito nuestro, ni por decisión humana, sino única y exclusivamente por voluntad divina representamos una “amenaza” aun mayor a nuestra sociedad.

Se nos dice que de la ciudad nadie entraba ni salía. El hermetismo era absoluto. Nada hay más fútil que tratar de entablar amistad con este mundo que nos rechaza por ser quienes somos. Igual que las tinieblas y la luz no pueden coexistir, tampoco podemos mezclarnos con ellos sin perder nuestra identidad. Los poderes religiosos, filosóficos, económicos y políticos de este mundo nada quieren tener con el verdadero pueblo de Dios, aquel que pertenece al Reino de los Cielos. El mundo, no quiere recibir nuestra influencia, y mucho menos “colaborar” con nosotros. Pero es nuestra obligación, y nuestra responsabilidad vivir entre ellos siendo la sal que preserva la vida y la luz que trae esperanza a todo corazón.

Amamos profundamente a las personas que viven entre nosotros, pero rechazamos todo el poder, toda la grandeza, arrogancia y sabiduría que conduce este mundo. Debemos ser la prueba de que si el Señor no edifica la casa, tarde o temprano, esta caerá. Nuestro mundo alardea de poder vivir sin Dios, pero tarde o temprano la voz de Dios se oirá, y entonces las murallas en las que se escudan caerán.

Jericó. La Ciudad de Jericó es la más antigua que se conoce. Su asentamiento se calcula que fue, nada más y nada menos, que 9000 años antes de Cristo. Hay también indicios de que fue la primera ciudad de Canaán. Se cree también que en ella había un gran templo donde se adoraba la luna. Parece ser que el nombre de la ciudad significa “ciudad de la luna”. Así que no nos encontramos solo ante la destrucción de una ciudad, sino también ante la destrucción de su religión.

Génesis 3:8

8 El hombre y su mujer escucharon que Dios el Señor andaba por el jardín a la hora en que sopla el viento de la tarde, y corrieron a esconderse de él entre los árboles del jardín. Génesis 3:8 DHH


Señor, he cerrado la puerta, di ahora la palabra
Aquella que el ruido y la multitud no me dejaba oír;
En el silencio de lo más profundo de mi corazón;
Susurra tu voluntad, mientras vengo aparte, allí donde estás tú,
Entretanto todo está tranquilo.

WILLIAM M. RUNYAN (1870-1957)


Espíritu Santo, el mundo fuera de Jesucristo está perdido. Han perdido la conexión vital con aquel que los creó a su propia imagen. El mundo entero se opone a que encuentren a Jesús. Obra hoy en corazones para que vuelvan allí donde pertenecen. Amén.

 

 

Salmo 139:7-8

¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?

Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Salmo 139:7-8 (RVA 1960)


 Tú eres mi porción eterna, más que un amigo, más que la misma vida, así tú eres para mí;
A lo largo de toda mi peregrinación, Salvador, déjame andar contigo.
Cerca de ti, cerca de ti, cerca de ti, cerca de ti;
A lo largo de toda mi peregrinación, Salvador, déjame andar contigo.
FANNY J. CROSBY (1820-1915)


Querido Dios, aunque no puedo comprender todas las cosas acerca de ti. Confío en tu Palabra. No entiendo las profundidades de tu ser, pero te amo, y me dedico a ti en toda la manifiesta bondad de tu presencia. Te alabo en el nombre de Jesús. Amén.

Salmo 23:4

Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta. (CST) Salmo 23:4


Ven, acercate a nosotros, Tú, Señor de los Ejércitos,
Y danos tu EspírituSanto;
Con amor y gracia nuestras vidas dirige,
Danos tus verdades y háznoslas comprender.»

JOHANN MICHAEL ALTENBURG (1584-1640)


Oh, bendito Espíritu Santo, me entrego a la afable dirección de tu mano, que me lleva más cerca del corazón de Dios mi Padre, Ilumina mi corazón con la verdad de Tu Palabra. Te lo ruego en el nombre de Jesús. Amén.