El Comportamiento de Caín y su familia (Génesis 4:16-18).

Génesis 4:16-18

El verbo empleado en el texto bíblico no da lugar a dudas. Caín ignora completamente el castigo de Dios y se establece en la tierra de Nod al este del Edén. El verbo empleado “Yashab” también se utiliza en otras ocasiones para referirse al casamiento. Saliendo de la presencia de Dios, podemos pensar que dejó de adorar al único Dios verdadero. A partir de ahora, otras cosas serían más importantes.

En cualquier caso, Nod significa “Vagabundo”. Con lo cual, muy probablemente, Caín estuvo algún tiempo merodeando por la tierra cercana al lugar donde fue expulsado, que algunos eruditos sitúan entre la actual Siria y el Líbano.

Vemos como una de las peores consecuencias del pecado es el aislamiento. El pecado de Caín lo aisló de Dios, lo alejó de su parentela, provocó el continuo rechazo de todos aquellos que lo rodeaban. El estigma de Caín, “el que mató a su hermano”, siempre lo acompañó.

Pero, Caín finalmente se casó. Quien fuera la esposa de Caín es un misterio, tampoco sabemos si tuvo más esposas. Lo cierto es que sería de la descendencia de sus padres, quienes con toda seguridad tuvieron más hijos. Queda claro que en aquellos albores de la humanidad no había problemas genéticos con el matrimonio entre hermanos. Más adelante, esta práctica quedaría expresamente prohibida en la ley mosaica.

Caín también fundó la primera ciudad que menciona la Biblia: “Enoc”, tomando el nombre de su hijo, que significa “instruido” o “dedicado”. Quizá anhelando que su hijo ejerciera el ministerio sacerdotal que él mismo no pudo hacer. No puso su nombre a la ciudad, algo que hubiera sido más normal, sino el de su hijo.  Probablemente para evitar el estigma que suscitaba su propio nombre y como muestra de afecto paternal y de las esperanzas puestas en su primogénito.

De las ciudades podemos decir muchas cosas, buenas y malas. Parece evidente que a Caín lo que de verdad le importaba era este mundo y, en concreto, la tierra que pisaba. Habiendo experimentado el rechazo de los hombres, probablemente construyó la primera ciudad para protegerse de cualquiera que quisiera acabar con su vida. O quizá, para disfrutar de todos los beneficios que aportan las grandes urbes como son el comercio, o la cultura. Aunque no hay que descartar que fuera simplemente el fruto de su ambición, un instrumento más para hacerse más poderoso. Porque las ciudades siempre han sido baluarte del orgullo humano. De hecho, es en ellas donde suele darse el mayor progreso social. Prueba de ello es que la descendencia de Caín se distinguió por su ingenio y creatividad. A pesar de ello, la primera ciudad que menciona la Biblia fue realmente un desafío a Dios.

Para no caer en los errores del primogénito de Adán y Eva, no pongamos todas nuestras esperanzas en este mundo y todo aquello que nos puede ofrecer. Nuestras moradas no van a ser eternas.

No es fácil aceptarlo, pero lo cierto es que un día todo va a ser destruido. Nada de lo que poseemos se mantendrá generación tras generación. La prueba es que ya nada queda de la ciudad que fundó Caín.

Caín mata Abel, y la maldición de Caín (Génesis 4:8-15).

Génesis 4:8-15

Nos encontramos ante el que es, quizá, el pecado que más nos afecta y peores consecuencias tiene: El odio. Nunca debemos subestimar su influencia y su poder sobre nosotros. Como vemos en el caso de Caín y Abel, la envidia suele ser uno de los principales detonantes de esta lacra.

Caín y Abel tenían una estrecha relación, eran hermanos, quizá incluso gemelos. Desgraciadamente, Caín se dejó arrastrar por la fuerza del mal, recién introducida en la humanidad y consumó su odio cometiendo el primer asesinato de la historia.

Podemos destacar del texto la cercanía que aún había entre el Señor y estos primeros seres humanos. El diálogo entre Caín y el Señor parece de lo más normal. Sorprende incluso el atrevimiento de las palabras del fratricida.

Está claro que Dios conoce todas las respuestas. Las preguntas que Dios suele hacer al hombre son aquellas que el hombre ni tan solo se plantea. En la respuesta de Caín notamos dos cosas. Primero, aparte de asesino, Caín también era un mentiroso. Segunda, manifiesta poca preocupación por aquellos que le rodean. Aparentemente, sólo está preocupado por sí mismo.

Dios hace que Caín se vea reflejado en la sangre de su hermano “¿Qué has hecho?” Quiere que vea que no hay pecado que le pase desapercibido. Y que Él (Dios) sí se preocupa por Abel (todos los seres humanos) a diferencia de Él. Después de estas palabras, a Caín sólo le queda esperar el veredicto de Dios.

Las consecuencias de nuestros actos son inmediatos e inevitables. Como si de la fuerza de gravedad se tratara, Caín ya se halla bajo los efectos de sus acciones. Una maldición ha eclosionado tan pronto la tierra recibió la sangre de su hermano. Ahora, la tierra no sólo le será ardua, también le será hostil. Los pies de Caín no serán bien recibidos en ningún sitio. Tendrá que vivir errante, sin un emplazamiento fijo. Caín ve que su castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo.

Un hombre tan arraigado a la tierra, que tanto ha trabajado, tiene que vagar ahora sin protección alguna. Además, cualquiera que lo vea sabrá quién es y lo que ha hecho, por lo tanto, no tardará en vengar la sangre de su hermano.

El primer asesinato de la historia fue por motivos religiosos. Desde entonces el odio que germina en una falsa religiosidad no ha dejado de derramar sangre de justos y fieles adoradores del único Dios verdadero.

La sangre de Jesucristo, leemos en el libro de los Hebreos, habla mejor que la de Abel. En ella Dios establece un nuevo pacto por el cual nuestros pecados son perdonados, las demandas de justicia por parte de Dios quedan satisfechas, y todos aquellos que han sufrido martirio a causa de la verdadera fe son vindicados.

La humanidad, después de este episodio, parece quedar dividida entre Caines y Abeles.  Los primeros pertenecen al Maligno, son mentirosos y asesinos. Son asesinos porque sus obras son malas y no soportan las buenas obras de sus hermanos. Son los que no les importa matar con tal de obtener algún beneficio.

Los dos atributos que mejor definen a Satanás, según las palabras de Jesús son: Asesino y mentiroso. Vemos como ambas cualidades le han acompañado desde el principio. Todo aquel que le sigue es mentiroso y asesino sin remedio.

Pero, aunque el juicio de Dios se haga esperar, ciertamente vendrá. Y toda sangre inocente derramada tendrá su retribución. La ley contempla la muerte del asesino como retribución. Pero, aquellos que murieron a causa de su fe serán vindicados por el mismo Señor. Él mismo pedirá cuentas y hará cumplir la ley.

La idea del juicio de Dios recorre todas las Escrituras. Y no hay escapatoria fuera de la sangre de Cristo. El día terrible de juicio se avecina, y no habrá escapatoria. Sólo aquellos cuyos pecados han sido lavados por su preciosa sangre serán salvos.

Después de asesinar a su hermano (v. 8) Caín negó tener cualquier responsabilidad (v. 9), además, llegó a afirmar que el castigo de Dios (falta de cosechas y vida errante, vv. 10-12) era incluso demasiado severo (v. 13). Aun así, Dios lo protegió gentilmente con una marca o señal que disuadía a cualquier vengador de acabar con su vida (v. 15 — en ninguna parte se aclara cuál fue la naturaleza de esta «marca”), pero le mantuvo la condena a una vida nómada a perpetuidad (v. 12).

Esta fue su condena, ser desterrado de la presencia de Dios (v. 14). Aun así, Caín desafió esa maldición viviendo en una ciudad de la tierra de Nod (literalmente «errante»), al este del Edén (v. 16).

También nos encontramos con el nacimiento de varios principios mosaicos: (1) Los sacrificios deben ser ofrecidos a Dios desde un corazón de fe, y deben ser siempre lo mejor del ganado: Los primogénitos (v. 4). (2) Los israelitas debían responsabilizarse de sus hermanos — protegiéndose los unos a los otros, y nunca matarse entre ellos. (3) La sangre homicida contamina la tierra demandando venganza — la sangre derramada será prueba del crimen (v. 10). (4) Del mismo modo que la venganza de sangre sobre Caín fue evitada por Dios a través de una señal sobre su cuerpo, más adelante establecerá ciudades refugio para evitar que cualquier vengador termine con la vida de ningún israelita. (5) La culpabilidad y el castigo que acarrea forman parte del fundamento de la teocracia de israelita. (6) Vivir sin Dios es peligroso. Sin su protección quedaban expuestos a sus enemigos. (7) A veces el hermano mayor puede ser rechazado en favor del más joven, cambiando así la preceptiva costumbre social.

Nacimientos, trabajo, y religión de Caín y Abel (Génesis 4:1-7)

Génesis 4:1-7

Ahora, Adán y Eva van a estar mucho más solos que antes. Van a padecer la decisión de vivir “por su cuenta”. Ahora se necesitan el uno al otro, pero no como antes. Ahora hay mucho vacío que llenar, y ambos saben que nunca van a satisfacerse como Dios lo hacía antes.

De todas formas, Dios no los ha abandonado. Habrá sido voluntad de ambos tener un hijo, pero sólo con la ayuda del Señor Eva ha concebido, según nos cuenta. El milagro de la concepción en las mujeres ya es una realidad, y con ella parece haber cierta predilección por los varones, tal y como manifiesta Eva. Quizá es un principio de lo que hoy conocemos como misoginia, un mal que ha recorrido toda la historia hasta nuestros días. Quizá Eva, consciente de la dureza de la vida, ve el tener un varón como un activo, más que una carga. O simplemente, la madre de todo ser humanos albergaba en su corazón que de Caín vendría la salvación prometida por el Señor. En cualquier caso, veremos como empiezan a surgir elementos en la historia que pronto derivarán en diversidad de conflictos.

Observamos que con Caín y Abel surgen los oficios. Cada uno se especializó en una profesión. Uno como agricultor, y el otro como ganadero. También vemos la aparición de la religión, algo que, hasta ahora no hacía falta. Presenciamos también el primer acto litúrgico de la historia, que curiosamente, será el primer foco de odio que ha conocido la humanidad.

Vemos también una forma de sacrificio y adoración a Dios que le agrada y otra que no. Una pasa por la expiación mediante el derramamiento de sangre de los mejores animales, los primogénitos del rebaño, y el otro por la ofrenda de parte de una cosecha de la tierra.

Son dos formas de religión antagónicas y que se hallan en conflicto hasta el día de hoy. Una, la que desagrada a Dios, es totalmente contraria a la verdadera, hasta el punto de que, aquellos que la practican acaban odiando y persiguiendo sin remedio a los que viven la otra.

Caín no le ofrece lo mejor de la cosecha, tan solo una parte de ella. Con esta actitud demuestra que no se siente realmente agradecido, tan solo en parte quizá. Atribuyéndose la mejor parte para sí, reduce la ofrenda a un mero acto “protocolario” que busca más bien algún tipo de “mercadeo” con Dios, en lugar de una auténtica ofrenda de paz a través de un acto de sacrificio sincero sin esperar nada a cambio. Por otro lado, a nadie escapa que lo único que ofrece Caín es su gran esfuerzo. Una mente racional podría justificar a Caín poniendo en relieve las largas jornadas de trabajo bajo el sol, o la lógica prudencia de almacenar parte de la cosecha para abastecerse mientras la tierra no dé su fruto.

Sin embargo, la adoración de Abel si fue recibida con agrado por parte de Dios. Primeramente, el texto nos dice que Abel ofreció lo mejor de su ganado. Al dar los primogénitos manifestaba un sincero y profundo agradecimiento a Dios. De algún modo, estaba reconociendo que toda bendición proviene de Dios. Por otro lado, admitía que no hay esfuerzo humano, por grande que sea, que pueda satisfacer a Dios. Finalmente, Abel entendió que sin derramamiento de sangre no puede haber remisión de pecados. Abel entendió la gravedad del pecado y de algún modo es precursor del sacerdocio del creyente. Su sacrificio fue el primer destello de la futura venida del cordero de Dios, aquel que quitará el pecado del mundo.

El resultado de agradar a Dios es inmediato: Gozo y Paz. El resultado de agradarse a sí mismo es conflicto y amargura. Como creyentes deberíamos analizar nuestro estado. Porque cuando somos fuente de conflicto y de amargura, quizá la ofrenda que estamos presentando a Dios es la ofrenda de Caín.

Llama la atención la actitud del Señor con Caín. Lo vemos queriendo entrar a razonar con él. Tratando de que vea cuál es el motivo de su enojo. Procura hacerle ver que no ha obrado correctamente. Que su actitud egocéntrica, en realidad, lo deja a la intemperie y desprovisto de protección. Aun así, su mano siempre está tendida. Sí pide ayuda la recibirá. Cuando nos volvemos a Dios, el pecado huye sin remedio. Lamentablemente, Caín decidió no escuchar su consejo.

El pueblo de Israel mantuvo la tradición ganadera de Abel. Lo veremos más adelante. Abel es incluso considerado por el Señor Jesús como el primer profeta mártir.

De las ofrendas de Caín y Abel vemos, tal y como dice el profeta Samuel, que es mejor obedecer la voz de Dios que hacer cualquier tipo de sacrificio. El autor de la Carta a los Hebreos nos enseña que el sacrificio de Abel fue agradable a Dios porque fue fruto de la fe depositada en la sangre de aquel animal primogénito, figura del Señor Jesús.

Tal y como dice la Escritura, el Señor no se deja impresionar por las apariencias. Él mira en lo más profundo del corazón, y es capaz de discernir lo más íntimo del corazón. Caín trató de impresionar a Dios por sus logros, su espíritu fue de altivez y falta de humildad. En la religión de Caín encontramos los caminos de Balaam, el hombre de Dios que sucumbió al soborno, y al deseo de los bienes materiales.

A pesar de nuestras infidelidades y de nuestro caprichoso egocentrismo, Dios nunca deja de buscarnos y de tratar de arreglar las cosas. Su mano tendida continua, hoy en día, a pesar de nuestra indiferencia.

Ignorar la gravedad del pecado no nos librará de sus consecuencias. Tristemente, pasamos por la vida sin pensar en todo lo que acarrea, y acarreará. Nuestra ofensa es contra Dios, y la paga del pecado sigue siendo la muerte y la condenación eterna. El pecado nos acosa constantemente, se adhiere a nuestras manos y llama constantemente a la puerta de nuestra casa. Nuestra voluntad tiene que debatirse una y otra vez con nuestra tentación de cada día.

El Dios de la Biblia es un Dios misericordioso. Puede afirmar que es amor porque lo demuestra constantemente con su pueblo infiel. Su ira no durará toda la vida. Él espera ese giro, ese cambio que germina en un corazón contrito y humillado. No es cierto que la maldad del hombre no tenga remedio. Sí lo tiene, mediante la confesión de pecado y el arrepentimiento ante el Dios de la gracia.

El amor de Dios es firme, inamovible a través de las generaciones. Él ha provisto del Espíritu Santo que nos fortalece y nos capacita para no dejar que el pecado reine nuestras vidas. Porque sólo hay dos opciones en la vida, ser esclavo del pecado y de la muerte, u obedecer los preceptos que nos conducen por caminos de justicia.

Eva dijo, he recibido un hombre del Señor— es decir, «con la ayuda del Señor» — una expresión de gratitud piadosa — y lo llamó Caín, es decir, «una posesión», como si se valorara por encima de todo lo demás; mientras que la llegada de otro hijo recordó a Eva la miseria que implicaba su descendencia, por eso le puso el nombre de Abel, es decir, debilidad, vanidad (Sal 39:5), dolor, o lamentación.

El Señor tenía respeto a Abel, no a Caín, según el texto original. —Las palabras, “tenía respeto a,» significan en hebreo, —»mirar cualquier cosa con una mirada aguda y seria,» que se ha traducido por, «encender un fuego,» de modo que la aprobación divina de la ofrenda de Abel se mostró al ser consumida por el fuego (véase Ge 15:17; Jue 13:20).

Si lo haces bien, ¿no serás aceptado? —¿Una mejor traducción sería: «No tendrás la excelencia»?

Adán y Eva son expulsados del Paraiso (Génesis 3:22-24)

Génesis 3:22-24

Claramente, el estado del hombre es insoportable. El daño que se ha causado es irreparable. No puede sobrellevar el conocimiento que ha adquirido. No puede controlar el mal que ya corre por su interior, siente el peso de su rebeldía, la desobediencia y la confrontación directa con su creador. No puede jugar a ser Dios sin caer en el infierno. Tiene que ser expulsado del Paraíso para que el cáncer del pecado no haga más estragos que los que ya ha hecho. La vergüenza que tuvieron que pasar nuestros padres debió ser mayúscula. Fueron un espectáculo bochornoso al mismo Cielo, que miraría con estupor.

Se acabaron los placeres del Paraíso. Ahora deberán luchar contra multitud de adversidades. Van a sufrir en sus propias carnes el haber dado la espalda a Dios. Ahora la tierra padecerá con ellos. No dará su fruto sin gran esfuerzo y sacrificio. Vemos la conexión que los seres humanos tenemos con la tierra que pisamos. De ella fuimos creados, de ella vivimos, y a ella volveremos. Cuando la tierra sufre, sufrimos nosotros; cuando sufrimos nosotros, sufre la tierra que, en un sentido, nos parió.

Hasta el día de hoy. El árbol de la vida permanece oculto a nuestros ojos y es inaccesible a nuestras manos. A buen recaudo es custodiado por querubines hasta lo volvamos a ver, pero esta vez, en la Jerusalén celestial, sanando a las naciones y dando vida a los pueblos.

La espada de fuego viene a decirnos que el privarnos del acceso al árbol de la vida es resultado del juicio y del poder sobrenatural de Dios. El movimiento de la espada sugiere además que no sólo la entrada, sino todo el camino que conduce al árbol queda fuera de nuestro alcance. Además, un fuerte querubín sellará la entrada al jardín del Edén. Aquí y en otros episodios de las Escrituras, los ángeles aparecen frecuentemente con atribuciones militares y suelen ser ejecutores del juicio divino.

Si bien los ángeles custodian el paraíso impidiendo nuestra entrada en él. Ellos también tienen puesta la mirada en el propiciatorio de la misericordia divina. Ellos contemplan el transcurso de la historia y actúan obedeciendo las órdenes de Dios. Ellos son instrumento de juicio, bien sea para salvaguardar la misericordia de Dios, o para extirpar el mal que infesta la tierra.

Ellos son los brazos ejecutores del poder de Dios. A través de ellos el Todopoderoso hace prodigios y maravillas. Nos dice la Escritura que ellos están implicados en la administración de la Creación entera. Ellos son mensajeros del altísimo. El hilo conductor por el cual es ejecutada su Palabra.

Los ángeles han estado involucrados en este mundo desde la misma creación. Sus intervenciones en la tierra siempre están cargadas de misterio. A lo largo de las Escrituras van apareciendo y desapareciendo. Interviniendo en momentos cruciales, siempre obedeciendo el mandato divino. En ocasiones su aparición es compleja, llena de simbolismo, y muy difícil de entender.

Los querubines tienen un alto rango. Son grandes en majestad y poder. Sus actuaciones tienen siempre una gran trascendencia. Son encargados de velar por lo más sagrado. Viven y actúan cerca del Dios tres veces santo. Conocen el gozo que emana de una adoración sincera y ferviente. No dejan de hacerlo constantemente. Por ella son conocedores de su poder y voluntad. Satanás fue uno de ellos. Él fue quien se camufló en la serpiente del jardín. Su rebelión provocó una escisión en el mismo cielo. Y por su ambición desmesurada, así como por su violencia fue expulsado y condenado. Se dejó arrastrar por el orgullo y por él traicionó a su creador.

El hecho que el texto diga “como uno de nosotros” enfatiza la existencia de la trinidad.  El hecho de que Dios existe en tres personas. La palabra hebrea utilizada para referirse al mal, no sólo se refiere al mal en sí, también a sus consecuencias, como pueden ser la calamidad y la miseria.

Parece claro que el árbol de la vida poseía ciertas propiedades para preservar la vida indefinidamente. Si bien el hombre fue creado para vivir eternamente, también lo fue para no pecar. Ahora no se daban estas dos condiciones, por lo tanto, fue despojado de la fuente de la vida eterna.

Esta volverá más adelante, pero de la mano de Cristo. Por quien la muerte ha sido abolida, a la luz del Evangelio. Si no hubiéramos sido privados del preciado árbol, el pecado se hubiera multiplicado exponencialmente, y con él, todo el mal y desdicha que arrastra.

El hombre fue despedido del Edén no para que estuviera fuera mirando la espada de fuego voltear, sino para que emprendiera un peligroso y angosto viaje que aún hoy perdura. Prueba de que fuimos creados de la tierra es que el mismo cuerpo está compuesto por diversos elementos químicos que nos son comunes, tales como el hierro, la glucosa, la sal, el carbono, el yodo, el fósforo, el calcio, y otros.

Adán y Eva, no se fueron del jardín del Edén por voluntad propia, no entendieron que era lo mejor que podía ocurrir. Se nos dicen que fueron, literalmente, expulsados. Fueron desposeídos de él, y dejados, como aquel que dice “de patitas en la calle”. Toda una humillación.

Por otro lado, la reconquista ya ha comenzado. Y el Reino de Dios sigue avanzando, muy despacio quizá, pero su paso es inexorable. Mientras tanto, los querubines siguen flanqueando la entrada al Paraíso esperando aquel que es digno de abrirlo de nuevo.

Pero hasta que el Paraíso, convertido ya en Reino, se establezca definitivamente, Dios no deja de buscar un lugar donde habitar en la Tierra. Primero fue el tabernáculo, entre su pueblo, más adelante fue el templo, y hoy es el corazón de aquellos que han recibido a Cristo. Dios nunca ha abandonado al hombre a su suerte, aunque sin duda, podía haberlo hecho. Ha decido acompañarlo todo el camino que le separa hasta su redención.

Tendremos que esperar a la victoria final de Dios en Apocalipsis para volver a ver el árbol de la vida, pero esta vez para curarnos y restaurarnos definitivamente la vida perdida.

El Primer vestido de la Humanidad (Génesis 3:20-21)

Génesis 3:20-21

Ahora sí comienza la humanidad tal y como la conocemos hoy. De la descendencia de Adán y Eva saldrá toda la humanidad. Ahora, el trabajo y el tener hijos serán una dura carga que sobrellevar, pero ambas cosas serán necesarias para la supervivencia. Ahora queda por delante un largo y angosto recorrido hasta la redención del hombre.

Las palabras de juicio de Dios sobre la serpiente, la mujer y el hombre son seguidas inmediatamente por dos observaciones que transmiten esperanza. En primer lugar, el hombre pone por nombre a su esposa Eva (v. 20), que significa «dadora de vida”. En segundo lugar, Dios viste, empáticamente, a la pareja cubriendo la vergüenza de su desnudez (v. 21).

Por vestiduras, Dios provee a Adán y Eva de pieles de animales, lo que implica la muerte de al menos un animal para cubrir su desnudez, muchos ven aquí un paralelismo relacionado con el sistema de sacrificios de animales para expiar el pecado que será instituido por Dios a través de Moisés y su liderazgo sobre Israel, así como el sacrificio final de la muerte de Cristo como expiación por el pecado.

La promesa de Dios vendrá a través de la descendencia de Eva. A su debido tiempo nacerá el Salvador. Hoy, la primera pareja aprenderá también que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado. El Señor mismo confecciona vestidos para cubrir la vergüenza de nuestros padres. Ese mismo día sintieron el calor y el consuelo del Señor. El mismo día que el Señor vistió a Adán y Eva, emprendió el largo camino a través de la historia que le llevará a la Cruz para salvarnos de la maldición del pecado y de la muerte.

Todos los creyentes, al igual que Eva, estamos expuestos a las mentiras de la serpiente. Rápidamente nuestra fe se va corrompiendo, adoptando ciertas “medio verdades” y desviando nuestra atención de Cristo a otros pequeños “ídolos” camuflados entre nuestras “pertenencias espirituales”.

La maldad adherida al corazón del ser humano se hace difícil de soportar. Sobre todo, para nuestra conciencia. Nos hiere verla reflejada en los rostros de los demás. Por eso la tratamos de ocultar como podemos. Sin embargo, Dios mismo prepara unas pieles que no sólo cubrirán nuestra miseria, serán anticipo de un nuevo vestido que sustituya este cuerpo caído y sin remedio.

El castigo de la humanidad

Génesis 3:16-19

El dolor es un magnífico salvavidas incorporado que nos ha dotado la naturaleza. No somos conscientes de la cantidad de veces que esta temida reacción nos ha salvado la vida. Esa percepción sensorial, más o menos intensa, pero siempre molesta y desagradable, que afecta alguna parte del cuerpo es el resultado del estímulo de ciertas terminaciones nerviosas.

Siendo un magnífico sistema de defensa, nada hace pensar que el ser humano, antes de la caída no lo llevase incorporado. Aunque, sin duda, sí había una gran diferencia respecto a la intensidad en la percepción sensorial. A partir de la Caída, Dios declara que la señal del dolor se intensificará exponencialmente en todo ser humano desde su mismo nacimiento. En especial, al dar a luz.

El castigo para la mujer no fue traer hijos a este mundo sino sufrir el dolor que conlleva dar a luz. Cuando dice que “Él tendrá dominio sobre ti” no está garantizando al hombre la servidumbre de la mujer como si fuera de su propiedad. La mujer también ha sido creada a la imagen de Dios y, además, tiene el honroso rol, concedido por Dios, de dar a luz, privilegio por el cual toda la humanidad es bendecida. (1:26-28).

Otro de los desajustes que provocará la Caída afectará el trato entre hombres y mujeres. El desorden emocional cosechará complejos sistemas relacionales entre ambos. Atracciones enfermizas terminarán en enredados lazos tanto de interés y manipulación como de abuso y dominio. A partir de ahora, la relación entre los dos sexos será tanto irremediable como enfermiza.

El Señor adelanta la futura rivalidad entre sexos por conseguir el dominio mutuo. Esta lucha no tiene otra procedencia que la condición pecadora tanto del hombre como de la mujer. Estas palabras no deben entenderse como una exhortación dirigida al hombre para que ejerza potestad sobre su mujer. La ley hebrea reconoce la vulnerabilidad de la mujer y exige una deferencia especial para ella. (Ex. 22:22; Deu. 25:5-10). El Nuevo Testamento explícitamente ordena a los maridos que amen y honren a sus mujeres (Efe. 5:25; Col 3:19; 1 Ped. 3:7), incluso que respeten su igualdad espiritual (Gal 3:28) mientras cada uno ejerce los dones que Dios les ha otorgado.

El problema de Adán no fue escuchar a Eva, sino preferir su voz a la de Dios. Y esa responsabilidad no sólo era solamente suya, sino de ambos. El mandato de Dios fue muy claro: “De este árbol no comerás”. Pero Adán, de forma totalmente deliberada, siguió el consejo de Eva en lugar del precepto de Dios. La rebelión de Adán fue totalmente premeditada.

El pecado de Adán traerá consecuencias terribles sobre la Creación. A partir de este momento la naturaleza le será hostil. Tendrá que trabajar con dureza la tierra para poder comer. Algunas cosechas se perderán a causa de plagas, sequías o fenómenos meteorológicos de diversa índole. Estas crisis ocasionarán luchas por la supervivencia. Especie contra especie, pueblo contra pueblo, hombre contra hombre. La ley de la selva, o del “todos contra todos”.

La naturaleza ya no será un entorno amigable para el hombre. El trabajo será gravoso. La escasez siempre andará merodeando. No siempre se verá recompensado el esfuerzo. Por último, la existencia del hombre se verá reducida a un puñado de días. Todo será vanidad, porque del polvo fuimos hechos, y al polvo volveremos. Como dice el poeta: “Todo pasa, y todo queda, pero lo nuestro es pasar”.

Un poco de tiempo, y nuestro espíritu de vida volverá a Dios, pero esta vez tendremos que rendir cuentas. Todo cuerpo tiene los días contados. La muerte terminará visitándonos, venga de un sitio o de otro. Haremos bien en recordar lo que somos en realidad. Pero para ello tendremos que mirar al que tiene la perspectiva adecuada de la vida, haremos bien en tomar conciencia de nuestra debilidad y transitoriedad. Ello cambiará tanto nuestra manera de ser como de relacionarnos.

Aún hoy, el mundo no es consciente de la dependencia que tenemos de Dios. Si aguantamos, si no desmayamos, si podemos vivir y ser felices es sólo porque el Todopoderoso no ha “ocultado su rostro de nosotros”. Porque la muerte sólo es el transportista que devuelve el espíritu al que lo dio.

La muerte sólo tiene una causa: El pecado. Podemos curar enfermedades, o protegernos de mil maneras, pero nunca podremos deshacernos del pecado y de su aciago fruto. La herencia de Adán perdura hoy entre nosotros. Sólo puede ser sustituida por el nuevo Adán que es Jesús. Su árbol de vida es la cruz del Calvario donde ocupó nuestro lugar. Tomando de él volveremos a nacer de nuevo. Pero, esta vez conforme a la naturaleza de Jesús, el Hijo de Dios.

SALMOS 5

Señor, a ti imploramos. Tú eres nuestra fortaleza y nuestro auxilio y nuestro sustentador. Tú rechazas toda maldad, los orgullosos no pueden permanecer en tu presencia, no soportas la mentira, y todos los violentos recibirán su merecido. Santifícanos, Señor, apartándonos de todas estas cosas. Pon humildad en nuestros corazones para entrar en tu casa y estar delante de tu presencia. Pon caminos de justica delante nuestro. Haznos ver el futuro que aguarda a aquellos cuya lengua es como un sepulcro abierto, aquellos que se han rebelado contra ti. Se tu nuestro refugio y nuestro gozo. Bendícenos en tu nombre. En el nombre de Jesús. Amén.

LEVÍTICO 6

Dios y Padre celestial. Te pedimos que nos apartes de toda mentira, ayúdanos a no participar de sus viciados tentáculos, no permitas que nos deje indiferencia toda forma de violencia e injusticia. Ayúdanos a ser fieles y justos.  

Gracias por haber propiciado nuestro perdón muriendo en nuestro lugar en la cruz. Te pedimos perdón, una vez más, por nuestras ofensas, y te pedimos que por la misma gracia que nos ha perdonado nuestras vidas te sean un sacrificio agradable. Aparta todo aquello que pueda contaminarnos. Te pedimos que nos cubra tu santidad para poder ministrar el sacerdocio que nos ha sido encomendado. Llénanos de tu temor para que así sea. En el nombre de Jesús. Amén. 

COLOSENSES 3

Señor, te pedimos perdón por nuestra fijación en las cosas de este mundo, ayúdanos a buscar aquellas que están arriba contigo. Ayúdanos a aguardar con gozo y esperanza el día de tu manifestación. Ayúdanos a “matar” todo aquello que es idolatría en nuestra vida. Que destruyamos sin contemplaciones toda forma de inmoralidad sexual, impureza, lujuria, malos deseos o avaricia. 

Haz también que nuestro comportamiento sea ejemplar. No cayendo en la ira, la calumnia, o el lenguaje obsceno. Que la mentira no salga de nuestros labios ni habite en nuestro corazón. Más ayúdanos a vivir en ti. A practicar nuestra nueva vida. Danos sabiduría y espíritu constante de gratitud y adoración. Pon espíritu de amor y de unidad en nuestros matrimonios, de obediencia a nuestros hijos, de paciencia a nuestros padres. Haznos también trabajadores ejemplares. Y sea lo que sea aquello que hagamos, sea hecho para ti, y no para los hombres. En el nombre de Jesús. Amén. 

PROVERBIOS  20

Señor, no pasamos por alto el problema de las adicciones. Te pedimos que nos guardes de las que no tenemos, y nos libres de las que nos esclavizan, aun quizá sin saberlo. Haz que seamos personas de paz, siempre dispuestas a dialogar sosegadamente. Líbranos también de toda indolencia. Ayúdanos a ser voluntariosos, haznos íntegros y dignos de confianza. Perdona nuestros pecados. Haz que te conozcan a ti por nuestras buenas obras. En tu nombre te lo pedimos. Amén.