JOB 41

Hoy nos postramos y adoramos a nuestro Dios por la grandeza de la naturaleza y todos sus elementos. Humildemente nos postramos delante de Él y reconocemos que no podemos “domesticarla” a nuestro antojo, pues sólo Él tiene pleno poder sobre la Creación. Y toda ella le pertenece.

JUAN 2

Hoy damos gracias al Señor por habernos hecho partícipes de su gozo. Le damos gracias por podernos alegrar en la comunión que nos otorga su Gracia y su misma presencia.

Le damos gracias por ese gozo, aunque no esté exento de sufrimiento. Pensamos en todo lo que le costó a Él, muriendo allí en la cruz por nosotros. Entendemos, pues, que el verdadero gozo en la vida se obtiene a través del sacrificio. Pero también vemos que no existe mayor gloria. También pedimos al Señor no manchar lo santo con lo profano. Huir de cualquier tentación que implique mercadear con lo santo. Que las pasiones de esta vida y el amor al dinero no enturbien nuestro testimonio mientras arruinan nuestras vidas. Porque el celo de nuestro Señor por su iglesia no lo pasará por alto. Porque, ciertamente, Él no nos necesita, y nada detendrá su Reino. Afirmemos hoy pues nuestra fe, porque no tenemos que demostrar nada a aquel que sabe perfectamente como somos.

ÉXODO 23

Hoy pedimos al Señor que nos aparte de la mentira, siempre foco infeccioso de toda maldad. Le pedimos que nos ayude a abandonarlas, aunque las multitudes las crean o las sigan. Que no pervirtamos la justicia por haber descuidado la verdad. Le pedimos al Señor que nos aparte de todo prejuicio o favoritismo (véase sexismo, racismo, clasismo, etc.) Y que no nos olvidemos de ayudar a los necesitados, incluso cuando estos sean nuestros enemigos.

Pedimos también reservar siempre un tiempo tanto para descansar, como para orar y meditar su Palabra. Porque también es necesario gozarnos en Dios y en todo lo que Él nos ha dado. Y que no excluyamos a los necesitados de nuestra bendición.

Que disfrutemos de toda reunión convocada por Él como una celebración santa. Que no vayamos meramente a recibir, sino también a traer nuestras primicias al Señor.

También pedimos que nos tomemos en serio realidades espirituales tales como la de que su presencia nos acompaña constantemente. Que su ángel nos protege y nos guía, pero también está atento a todos nuestros actos de rebeldía. Porque vivimos en medio de una sociedad sumamente idólatra y las tentaciones y peligros no son pocos.

2 CORINTIOS 10

Hoy pedimos al Señor abandonar toda carnalidad. Que nuestras motivaciones no tengan nada que ver con los intereses, las estrategias y el egocentrismo de este mundo. Más bien que nuestro poder sea del Espíritu Santo, para derrocar fortalezas espirituales de maldad.

Porque Él es el único que puede capacitarnos para refutar toda teoría, razonamiento o altivez erguido contra el verdadero conocimiento de Dios. Y para ello, debemos primeramente llevar todo pensamiento cautivo a Cristo.

Pedimos, pues, ser reflejo de su Gloria, y no negarla a nadie. Tampoco a aquellos que también son nuestros hermanos. Porque todo poder y autoridad de Dios sólo pueden edificar su iglesia, nunca destruirla ni diezmarla. Por ello pedimos que nuestras obras correspondan siempre con nuestras palabras.

Pedimos también no poner límites al poder de Dios. Que no haya “competencia” entre nosotros, siendo todos miembros de un mismo cuerpo y portadores de un solo Evangelio. Que nuestra única gloria sea Cristo. Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba.

JOB 40

Hoy pedimos aceptar todas aquellas situaciones adversas que no entendemos. Pedimos abandonar todo empeño de contender con el Altísimo. Pedimos aceptar nuestra vileza y pequeñez delante de su poder, majestad y justicia.

Pedimos humildad y mansedumbre para callar, y para estar atentos a todas sus preguntas. Porque detrás de todo torbellino está Dios esperando una respuesta. Admitamos que la ira y el orgullo no tienen cabida delante de su presencia. Que Dios calla toda altivez humana a través de nuestras propias pruebas. Admitamos que no nos podemos salvar, por nosotros mismos, en modo alguno.  Que no podemos controlar ni manejar la vida a nuestro antojo.

JUAN 1

Hoy alabamos y bendecimos al Señor por su deidad. Porque él es el Eterno, el único Dios verdadero. Porque todas las cosas fueron creadas por Él, y por Él subsisten. Porque Él es la única luz que puede sacarnos de la oscuridad. Y por ella, le hemos reconocido y hemos sido vivificados.

Pedimos que el reflejo de su luz sea manifiesto en nuestro testimonio para que todos los que nos observan puedan creer en el Evangelio a través de Él. Le alabamos y bendecimos porque, tras haberle recibido por la fe, hemos sido declarados hijos de Dios.

Le alabamos y bendecimos porque en su humanidad vimos su gloria, gloria recibida del Padre, llena de gracia y de verdad. Le alabamos porque Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Le agradecemos, también, su generosidad con nosotros tras habernos bendecido con toda bendición espiritual. Porque en Él (Jesucristo) recibimos la Gracia y la Verdad.

ÉXODO 22

Hoy pedimos al Señor que nos ayude a no caer en la tentación del amor al dinero. Porque es, sin duda, la raíz de todos los males. Pedimos no ser presa de la codicia, ni tampoco del hurto, que es su hijo predilecto. Pedimos también no caer en la usura, aprovechándonos de los más vulnerables.

Rogamos también no caer en la inmoralidad sexual. Cuidar y respetar a nuestro conyugue teniendo en gran estima nuestras familias. Sin olvidarnos de aquellas desestructuradas, y de los que padecen una soledad no deseada. También pensando en los pobres y necesitados.

Por último, pedimos amar al prójimo por encima de cualquier bien material. Siendo siempre primeramente misericordiosos, como nuestro Padre lo es con nosotros.

2 CORINTIOS 9

Hoy pedimos a Dios una mano dadivosa, abierta y dispuesta a sembrar con generosidad para recoger después con abundancia. Practicando el altruismo como forma de vida, no por obligación, ni a desgana, sino con gozo. Sabiendo que más bienaventurado es dar que recibir. Pedimos también que, por su gracia, nos haga abundar en buenas obras. Cuidándonos los unos de los otros. Y contribuyendo a la proclamación del Evangelio con liberalidad.

El hombre es puesto en escena (Génesis 2:15).

El hombre es puesto en escena (15).

Dios crea a todo ser humano en un lugar en concreto de la Tierra, en un entorno natural, social, y cultural en particular. Lo crea con un propósito, y le provee de todo lo necesario para cumplirlo. En el caso de Adán, también fue voluntad de Dios situarlo en un lugar geográfico determinado, y asignarle unas labores específicas,

Pero el propósito de la creación del hombre no se limita a las funciones que le han sido asignadas. Adán sabe que su existencia está estrechamente ligada a una relación muy especial con su Creador. Ambos comparten un mismo entusiasmo e interés por una creación que van a tener que administrar, trabajar, y disfrutar juntos.

La Creación del hombre es singular. El texto denota una proximidad y una implicación por parte de Dios sin parangón en su obra creadora. Y es que Dios ha puesto su imagen y semejanza en Adán. Su deseo es, realmente, que el hombre ejerza de representante de su misma persona y para ello es imprescindible una estrecha relación entre ambos.

El Paraíso del Edén, paradójicamente, no es ese lugar donde pensamos que no se trabaja nunca. Erróneamente, pensamos que el paradigma paradisiaco es un lugar de descanso y desidia a tutiplén. Nada más lejos de la realidad. No sabemos qué labores en concreto fueron encomendadas a Adán, pero sí sabemos para quien trabajaba.

El trabajo nos honra cuando lo entendemos como un servicio al Dios que creó los Cielos y la Tierra.

Sin embargo, no cabe duda de que aquel trabajo era en algo bien distinto a cualquier labor conocida hoy por nosotros. En aquel momento originario de la Creación el pecado no existía, y por lo tanto tampoco acarreaba la maldición que conlleva. Aquella labor, sin duda, contribuía a la realización personal, era placentero, no era estresante, y era ajeno a toda aflicción, o cualquier otra forma de desgaste.

Entendemos pues del texto, que es voluntad de Dios que contribuyamos y formemos parte de nuestra cultura aportando nuestras habilidades y buen hacer huyendo de todo reposo indolente. No hay nada más opuesto al orden natural que entender la vida como algo a consumir mientras esta nos consume a nosotros. La vida es mucho más que el alimento y el vestido tal y como nos recuerda Jesús

En definitiva, Dios hace responsable a Adán del huerto del Edén. Esto significa que Dios nos ha encomendado a todos la custodia de algo en la vida, por lo tanto, debe ser nuestro compromiso cultivarlo y cuidarlo, sea lo que sea. Porque el hecho que sea para nuestro disfrute, no nos exime también de nuestra responsabilidad.

Por último, debemos entender que nada de lo que nos ha sido confiado es realmente nuestro. Sólo somos mayordomos de todo aquello que nos ha sido entregado. Y, por lo tanto, de todo tendremos que rendir cuentas en algún momento. Entender esto será un buen remedio para mantenernos alejados de toda ostentación, disolución, abuso o corrupción.

El Cultivo del Jardín del Edén (Génesis 2:8-14)

El Cultivo del Jardín del Edén (8-14)

Dios sitúa al hombre en una parte exquisita de su creación. Concretamente hacia el Este, en el Jardín del Edén. Allí Dios crea un entorno idílico en el que hace crecer todo tipo de árboles y vegetación para deleite de los sentidos. En especial Dios tiene cura de crear árboles y plantas que provean de sabrosos y nutritivos alimentos.

Pero, entre todos aquellos árboles había dos muy especiales. Uno era el árbol de la vida. Desconocemos cómo era, o qué propiedades tenía aquel árbol. Pero lo cierto es que proporcionaba todo lo necesario para una vida plena y sin final. Adán no sólo prolongaba su existencia a través del tiempo, también disfrutaba de una vida plena en comunión con Dios con la ayuda de aquel fruto.

Sin embargo, cada vez que Adán se acercaba a comer del árbol de la vida tenía, forzosamente, que cruzarse con otro que certificaba, precisamente, su aptitud para comer de tan preciado árbol: Este otro árbol era llamado del conocimiento del bien y del mal. Paradójicamente, obedecer a Dios privándose de ese fruto le capacitaba para seguir comiendo del otro.

En este pasaje vuelve a aparecer el elemento del agua. Esta vez, para decirnos que el Edén era fuente de cuatro ríos que regaban toda esta tierra paradisiaca. Un agua de vida, y un árbol de la vida sustentan toda esta maravilla natural. Resulta difícil no escuchar los ecos lejanos de Jesús y la Cruz. O de la Jerusalén Celestial de Apocalipsis con su árbol y río de agua de vida.

A juzgar por los datos que ofrece el texto, el Edén quedaría ubicado en territorio de la actual nación de Irak. Situado justo donde nacen el Tigris y el Éufrates, que aún conservan el nombre después de tantos años. Curiosamente, el Edén queda localizado, más o menos, justo en medio de cuatro mares: El Mar Negro, el Mar Caspio, el Mar mediterráneo, y el Mar de Omán. El oro y el ónice mencionados no sólo indican la riqueza de toda aquella tierra, también aluden al Tabernáculo del Éxodo, pues serán materiales necesarios para su construcción. Los nombres de los territorios pertenecen a pueblos descendientes de los primeros pobladores de la Tierra.