2 CORINTIOS 13

Padre amado, aparta de entre nosotros cualquier espíritu inquisitivo. Que no sea nuestra dedicación escrutarnos mutuamente. Más bien te pedimos que nuestro empeño sea descubrir a Cristo entre la comunión de los miembros de su iglesia. Por ello pedimos que nuestro amado Salvador se haga fuerte entre la humildad de su pueblo. Que la debilidad del Crucificado sea nuestra fortaleza.

Que cambiemos el examinarnos los unos a los otros por el auto escrutinio. Que testeemos a Cristo viviendo en nosotros por la fe. Que abandonemos todo empeño de frenar la verdad, más bien nos unamos a ella. Que entendamos que sólo por nuestra debilidad vendrá nuestra restauración.

Mientras tanto, que nuestra pasión sea: regocijarnos en el Señor, contribuir a la restauración de todas las cosas, confortarnos los unos a los otros, buscar la concordia, y vivir en paz. Siempre arropados por la Gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. Amén.

PROVERBIOS 1

Señor, pon en nosotros sed de sabiduría. Adiéstranos para ser justos y ecuánimes. Danos la prudencia que necesitamos, así como el verdadero conocimiento y discreción. Pon, Señor, en nosotros tu santo temor.

Ayúdanos a descubrir la belleza de honrar a nuestros mayores. No dejes que tomemos parte con los engañadores, los violentos, o los ladrones. Frena nuestros pies cuando empiecen a correr hacia el mal. Que no caigamos en las redes de aquellos que buscan nuestra ruina. Que nuestras vidas no estén entre las de aquellos que desean ganancias deshonestas, o de aquellos que despojan a los pobres para enriquecerse.

Señor, destapa nuestros oídos, cura nuestra sordera. Porque la sabiduría grita en las calles, pero son pocos los que la escuchan. Abre nuestro entendimiento mediante la reprensión para que tu Santo Espíritu encuentre lugar en nuestros corazones.

Admitimos que tantas veces oímos, pero no escuchamos, nos tiendes la mano, pero la rechazamos. Porque ignoramos tu consejo, y huimos de tu reprensión. Muévenos al arrepentimiento antes que nos sobrevengan el terror y la calamidad. Porque funestas son las consecuencias de odiar el conocimiento y de menospreciar el temor de Dios.

Que más bien escojamos escucharte para habitar seguros, y así vivir en paz sin temer desgracia alguna. Amén.

JUAN 4

Señor, ayúdanos a aprender cada día de ti. Muéstranos tu voluntad no solo para el futuro, también para hoy, libranos de los peligros del camino, guíanos en medio de la persecución, danos el agua que sacia nuestra sed, fuerza y ánimo para seguir adelante.

Durante el camino, líbranos del prejuicio y de cualquier forma de supremacía. Que las tradiciones nunca se antepongan a tu Palabra. Que tu amor sea nuestra motivación, y tu Santo Espíritu nuestra guía a toda verdad. Que nuestra alabanza y adoración sean en espíritu y en verdad.

Tú eres el Mesías esperado, Señor. Ayúdanos a permanecer cerca de ti y así poder escuchar todas las cosas. Danos de comer tu santa voluntad. Muéstranos los campos blancos listos para la siega y llévanos a cosechar lo que tu has sembrado. Muévenos a gozarnos contigo mientras recogemos frutos para vida eterna.

Aparece en nuestro camino Señor, para que nuestro testimonio sea verdadero. En nuestra miseria entendemos que tú eres el Salvador del mundo. Trae hoy vida a cada uno de nuestros hogares. En tu santo nombre lo pedimos. Amén.

El mandato divino

Génesis 2:16-17

No fue un descuido de Dios poner el árbol de la ciencia del bien y del mal en el huerto del Edén justamente al lado del árbol de la vida. Dios ordena directa y expresamente a Adán que, pudiendo tomar del fruto de todos los árboles del huerto, bajo ningún concepto coma del fruto de este enigmático árbol.
No sabemos, a ciencia cierta, el motivo por el cual estaban los dos árboles más importantes y disímiles del jardín juntos. Uno daba vida, el otro acarreaba la muerte. Quizá no sólo era una manera de probar, sino también de ejercitar la lealtad de Adán a su Creador.
A diferencia del resto de seres vivos, Adán fue creado a imagen y semejanza de Dios. Ello le atribuía unas cualidades morales que compartía con Él. Era el modo en que Adán ejercitaba su capacidad de escoger entre el fruto que da vida, y el fruto que da muerte teniendo únicamente como criterio la Palabra de Dios.
Así que por fe Adán recibió la llamada disfrutar de todos los árboles del Paraíso excepto uno. Curiosamente, el mandato divino no se limita a prohibir el fruto de un árbol, sino que, de hecho y en contraposición, abre la puerta a disfrutar de todos los demás con toda libertad.
Ello nos lleva a considerar que todo lo que Dios nos ha dado es para disfrutarlo, para nuestro bien y forma parte del ámbito de la libertad que nos ha sido otorgada. Sin límites no hay libertad. Los términos de Dios evitan que seamos arrastrados sin remedio al lagar del sufrimiento y la esclavitud que conlleva el pecado.
Curiosamente, la tentación que ofrecía aquel apetecible fruto era algo tan razonablemente bueno como la adquisición de más conocimiento del que ya había recibido de parte de Dios.
Hasta ahora, Adán el primer hombre, sólo podía escoger entre un universo de posibilidades de hacer lo moralmente bueno y agradable a los ojos de Dios, aunque existía una posibilidad de errar y adentrarse en un mundo desconocido. Tan solo tenía que adquirir un nuevo conocimiento que le había estado expresamente vedado. El propósito de la prohibición no era otro que apuntalar y certificar una fidelidad recíproca con su Creador.
Sí, hay conocimiento que como seres humanos no podemos sobrellevar, que no nos pertenece, que nos supera, nos domina, nos esclaviza y termina matándonos.
Algo que también aprendemos de estos versículos es que en ningún momento de la historia “no ha habido límites”. Incluso cuando no había pecado en el mundo, Dios puso límites al hombre que no debía traspasar bajo ningún concepto. Por lo tanto, nuestra libertad siempre ha estado acotada, y siempre ha habido señales de “peligro de muerte”. Mucho más ahora, que el pecado ya forma parte de nuestras vidas.
Comer del árbol de la ciencia del bien y del mal activaría lo que hoy conocemos como “la conciencia”. Seguro que Adán tenía conciencia, pero esta nunca había sido mala. Después de la caída, esa conciencia se convertiría en un yugo de por vida. Desde bien joven someterá al hombre hasta la tumba. Lo avergonzará constantemente. Y hará que el miedo sea su sombra día y noche. Provocará un conflicto en su interior que amargará toda relación. La conciencia será la alarma que anunciará la presencia del pecado en cada uno de nosotros.
Ya desde el principio, el estado del medio ambiente y la actividad del hombre están estrechamente relacionadas. La mayordomía de Adán afectará directamente la Creación de Dios. Vemos la importancia de esta afectación cuando, más adelante, la tierra será maldita a causa del pecado de Adán.
La trayectoria hacia la muerte que nos habla el apóstol Santiago aún era desconocida para Adán. El deseo pecaminoso aún era algo inédito, el pecado que engendra ese deseo no infectaba corazón alguno, y el resultado final de esta lacra: “La muerte”, aún no segaba vida alguna.
SUMARIO
Finalmente vemos como Dios pone al hombre por encima de todas las cosas que Él ha creado. Todo estará sujeto a Adán, siempre y cuando él esté sujeto a Dios. Así que, podemos afirmar que el árbol del conocimiento del bien y del mal es el indicador (“token”) de esa sujeción del hombre a Dios. Entendemos pues que todo acto de obediencia a Dios es un acto de reconocimiento de su soberanía sobre nuestras vidas. Por otro lado, cada vez que nos apartamos del mal estamos realizando un acto de sumisión y adoración a Dios.
La vida tal y como la concibió Dios antes de la Caída no tiene nada que ver con la que nosotros experimentamos, aquella felicidad es todo un misterio para nosotros: En aquella época Adán y Eva respetaban sus cuerpos, sus almas, tenían plena capacidad para juzgar con rectitud, y gobernar cabalmente sus sentimientos. Realmente, la vida llenaba todo su ser.
Su cuerpo era perfecto, no conocía la enfermedad ni la muerte. Era totalmente libre de esta losa que pesa sobre nosotros desde el mismo momento en que nacemos. Porque Adán no conocía esa alienación de Dios que sufrimos nosotros. Ciertamente, la humanidad arrastra todas sus miserias a causa de la introducción de la muerte. El habernos apartado de la fuente de la vida y habernos rebelado contra Dios ha traído consecuencias funestas a nuestra condición. Cuando el hombre abandona la vida, entra irremediablemente en la muerte hasta que esta le consume. Según las Escrituras, nacer implica empezar a morir. Porque ese es el resultado de nuestra existencia. La consecuencia de vivir constantemente bajo la tiranía del pecado, y de la serpiente. Todo esto hasta la puesta en escena de una insospechada Gracia que traerá el remedio a tanta calamidad.

ÉXODO 25

Señor te damos gracias por todas las riquezas de tu gracia. En especial, aquellas que ya podemos disfrutar. Te agradecemos cada don que has repartido entre nosotros. Muévenos, Señor a ofrecértelo en acción de gracias.

Y que todo sacrificio y toda labor en tu nombre sea hecha alrededor del trono de tu Gracia. Haznos dignos de estar en tu presencia. Haznos recipientes de tu luz y tu calor, para traer paz y consuelo a todos aquellos que nos rodean. Amén.

2 CORINTIOS 12

Padre amado, perdona toda nuestra vanagloria. Haznos ver que, gloriarse en uno mismo no sirve de nada. Te damos gracias por todo lo que nos has revelado, por todas las riquezas celestiales que hay detrás de nuestra esperanza en Cristo Jesús. Mientras tanto, danos paciencia y ánimo para soportar nuestros “aguijones” terrenales. Todo aquello que nos humilla a través del sufrimiento.

Sabemos, en el fondo, que te hemos de dar gracias por todas nuestras flaquezas y debilidades. Porque en ellas descansa tu poder, y en ellas nos fortaleces. Aparta, pues, todo espíritu de superioridad espiritual o moral, tanto en nosotros, como en aquellos que nos ministran.

Te pedimos perdón por nuestra poca paciencia, y falta de amor. Te rogamos, una vez más, que tu amor cubra todas nuestras faltas. Que no haya entre nosotros discordias, envidias, enojos, egoísmos, habladurías, críticas, orgullos o toda forma de desorden. Ayúdanos a vivir y a hablar constantemente en tu presencia, sin nada que ocultar. Que no tengas que avergonzarte de nosotros. Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

JOB 42

Hoy, postrados y humillados, admitimos que tú Señor lo puedes todo. Que no hay nada imposible para ti ¿Quién somos nosotros para dudar de tu providencia? ¿Qué otra cosa podemos hacer que no sea mostrar nuestra ignorancia? Te pedimos perdón por todas aquellas veces que hablamos cosas que, en realidad, no entendemos ¡Cuántas veces nuestras voces acallan tus palabras! ¡Cuánto tiempo llevamos ignorando tus preguntas! ¡Cuánto silencio recibes por respuesta!

Admitimos que hemos de pasar por pruebas y dificultades para conocerte de veras. Que es mediante el sufrimiento que te vemos cara a cara. Por eso te pedimos perdón y nos retractamos arrepentidos admitiendo nuestra triste condición.

Más henos aquí, para servirte en toda nuestra manera de vivir. Aunque los hombres nos maltraten, sabemos que tú nos vindicarás. Apártanos, Señor, de toda palabrería, de la mentira, y guíanos en la verdad. Ayúdanos a permanecer fieles en la oración y en el poder de tu Gracia.

No permitas que seamos varas de juicio, sino testimonios vivos y eficaces de tu Evangelio. Gracias por las abundantes riquezas que has preparado para todos aquellos que te aman sinceramente.

JUAN 3

Hoy pedimos al Señor que, habiendo nacido de nuevo, nos muestre su Reino. Pedimos el difícil, pero necesario abandono a su Espíritu. Dejar que Él nos mueva y nos dirija, a pesar de la incertidumbre e inseguridad que ello conlleva.

Adoramos al Señor, y le damos gracias por haber derramado hasta la última gota de su amor por nosotros muriendo en la Cruz en nuestro lugar. Le agradecemos la salvación eterna de la cual ya somos partícipes habiendo creído.

Nos acercamos pues a la luz, habiendo sido perdonados, no tenemos nada que temer. Pudiendo ver con claridad, pedimos fuerzas al Señor para seguir sus pasos. Ahora sabemos que no podemos tener nada si Dios no nos lo da primero. Y que necesitamos que el crezca mientras nosotros menguamos.

Pedimos fe para oír y creer a aquel que está por encima de todos. Porque, al contrario de los hombres, Él es veraz. Y Dios no niega a nadie su Espíritu. Nos entregamos pues a Él en gratitud por habernos salvado eternamente.

ÉXODO 24

Hoy agradecemos al Señor su cercanía. Le agradecemos su revelación en Cristo Jesús, así como en su Palabra. Una vez más renovamos nuestro voto delante de Él, humildemente, sabiendo que lo difícil vendrá a partir de ahora.

Le damos gracias por su sacrificio en la Cruz. Porque sólo por su sangre nos ha redimido y nos ha limpiado de todo pecado. Le agradecemos habernos hecho piedras de su santo templo. Porque confiamos en el poder de su sangre, no sólo para salvarnos, sino también para hacernos obedientes.

Le damos gracias por el gozo de nuestra Salvación, y por la abundancia de todas sus promesas.

Le pedimos fidelidad, esperanza y amor. Tomarnos en serio su Palabra. Y creer en Él, aunque hoy le cubra una nube, porque tenemos la certeza de que pronto se manifestará con gran poder y gloria.

2 CORÍNTIOS 11

Hoy pedimos tener presente el Evangelio en toda nuestra concepción de la vida. Aún a sabiendas que es una auténtica locura. Pedimos también no dejarnos seducir por “otros” evangelios más “razonables” o “convenientes”.

Que nuestro deseo sea presentarnos delante de Cristo sin mancha. Sin nada de qué avergonzarnos.

Que no nos dejemos “engatusar” por todos los “super-apóstoles” que han salido a reinventar el Evangelio. Que no evaluemos la vida o las personas a través del prisma del dinero o la prosperidad económica. Más bien, tengamos claro que seguir al Señor conlleva la adversidad, la vulnerabilidad, el peligro y el menosprecio de muchos. Porque, ciertamente, sólo podemos gloriarnos en nuestra debilidad.