ÉXODO 35

Señor, ayúdanos a entrar en tu reposo. Que a nada condicionemos nuestro inmerecido acceso al trono de tu gracia. Haznos entender que fuera de tu redención no hay posibilidad de ser salvo. Que por medio de nuestra fe y confianza sean abiertas las puertas de nuestro corazón y entre tu paz.

Muévenos también a realizar sacrificios de acciones de gracias. Despierta los dones que nos has dado y haz que los pongamos a tus pies. Que tengamos consciencia de nuestra pertenencia a ti. Habita, pues, en medio de nosotros y dirígenos.

Te pedimos perdón por tanta desidia y tanta mediocridad. Ayúdanos a darte lo mejor de cada uno de nosotros, haz que dejemos de ser el centro de nuestra vida. Haznos voluntariosos y dadores alegres te pedimos. En el nombre de Jesús. Amén.

EFÉSIOS 3

Dios y Padre Celestial. Aunque primeramente no lo entendamos, te agradecemos todas aquellas crisis que permites en nosotros para beneficio de tu obra.  En medio de ellas, te pedimos tu guía para saber los planes que guardas para cada uno de nosotros.

Te damos gracias por los proyectos de unidad y harmonía que en ti tendremos en un futuro tanto judíos como gentiles. Por el privilegio de servirte y extender el Evangelio por tu poder y tu gracia. Porque aun siendo indignos, nos has concedido el proclamar sus innumerables riquezas.

Ayúdanos a ser fiel reflejo de tu sabiduría ante las multitudes celestiales que nos observan. Te damos gracias, también, por las vidas de todos aquellos que sufrieron, o incluso dieron su vida para que hoy nosotros alberguemos el Evangelio. Gracias por poder estar hoy sin temor en tu misma presencia.

Ahora, fortalécenos en tu espíritu con la multitud de recursos que has puesto a nuestro alcance, habita en nuestros corazones por la confianza que hemos puesto en ti. Arráiganos y fortalécenos sólo en tu amor. Ayúdanos a comprender, juntamente con la iglesia universal, las dimensiones de tu compasión y la profundidad de tu amor. Aunque no alcancemos a comprenderlo completamente, ayúdanos a experimentar tu amor. Conscientes que eres capaz de llevar a cabo planes en nosotros mucho más grandes de lo que podemos imaginar. A ti sea la Gloria en tu iglesia. Ahora y por siempre. Amén.

JUAN 13

Señor, alabado y bendito seas porque la autoridad del Padre tuya es. De Él vienes, y con Él estás. Siendo Dios, te hiciste hombre y te humillaste hasta lo sumo. Te agradecemos tu vocación de servicio incondicional con todos, pero en especial con aquellos que te seguimos. Ayúdanos a servirnos los unos a los otros siguiendo tu ejemplo. Gracias por tu presencia en nuestras vidas. Danos consuelo, fuerzas y ánimo para afrontar las dificultades y la oposición que encontramos siguiendo tus pisadas. Aleja todo temor. Muéstranos la Gloria que acompaña tus sufrimientos. Graba en nuestra mente y en nuestro corazón tu mandamiento de amarnos los unos a los otros tal y como tú has hecho. Haz, Señor, que todos puedan ver que somos tus discípulos. En el nombre de Jesús. Amén.

La serpiente engaña a Eva (Génesis 3:1-5)

El terreno de la mentira siempre es pantanoso. Uno no puede pretender que está preparado para afrontarlo sin que haya tan solo posibilidad de ser engullido por él. Basta un poco de astucia para que todo sea confuso, y antes de que nos demos cuenta ya estamos con el agua al cuello. El mismo Señor Jesús nos aconseja estar alerta constantemente, empleando incluso la astucia, para revertir toda artimaña diseñada para hackear nuestro corazón.

La serpiente prepara el terreno lanzando puñados de dudas esperando que alguna de ellas llegue a germinar. Siempre ha sido esta su estrategia. Irrumpe en la vida de Eva en el momento más inesperado y desfigura la realidad insinuando que Dios no es tan bueno como parece. Hay algo que les está ocultando. De hecho, insinúa que Dios les está privando del pleno uso y disfrute del jardín. Quizá Dios está empezando a acotarles el acceso al comprobar lo capaces que son de desenvolverse.

Pero Eva se defiende bien, tanto ella como Adán han recibido instrucciones claras de Dios. Pueden experimentar absolutamente todos los frutos del jardín exceptuando uno sólo que está justo en medio. Porque del cumplimiento de este mandato depende absolutamente todo. La advertencia es seria. Viene de Dios, y las consecuencias son realmente funestas: “La muerte”.

Pero la serpiente sabe utilizar perfectamente su mejor arma: La mentira. Introduce en este mundo la materia prima de todas las desgracias. No es tan fácil lidiar con ella. Nosotros mismos somos empapados con mentiras constantemente. Nunca debemos dar por sentado que sabemos discernir entre los que es cierto y lo que no lo es. Eva no era una ingenua, como se nos ha querido hacer ver a menudo. La serpiente le cuenta una sarta de “verdades a medias” que no puede refutar. Es cierto que “sus ojos serán abiertos”, “y tendrán conocimiento del bien y del mal igual que Dios”. Sin embargo, todo es una fenomenal artimaña altamente letal y contagiosa que sólo tiene un propósito: “La abolición definitiva del hombre”. Porque sus ojos serán abiertos, sí, pero para descubrir su propia vergüenza, y el conocimiento del bien y del mal que adquirirán sólo hará cristalizar el pecado en sus corazones subyugándolos desde el primer instante, haciéndoles sufrir sus inevitables consecuencias desde el primer bocado, entre ellas: La muerte.

El problema no fue la astucia, sino el engaño y el orgullo. Esta serpiente, Satanás, no ha dejado de utilizar sus artificios engañosos para engañar a todos, dentro y fuera del pueblo de Dios. Hoy continúa haciéndolo, especialmente entre nosotros, siempre apartándonos de una devoción sincera y pura a Cristo. El mal siempre es el mismo: Un cristianismo sin Cristo. Y hoy lo estamos viviendo más que nunca.

En Apocalipsis, cuando el “Gran Dragón”, “la Serpiente Antigua”, o Satanás es arrojado a la Tierra, se le asigna el título de “el engañador del mundo entero”. Ese es su nombre, y de sus mentiras se nutre la maldad del corazón humano.

¿Entonces cuál fue el tropiezo de Eva? Cuestionar la autoridad y la credibilidad de Dios. El asunto era verdaderamente trascendente porque había sido Dios quien había dicho: “el día que de él comieres ciertamente morirás”. De ello desprendemos que la condición natural del hombre es la muerte, porque la vida que experimentamos hoy no tiene nada que ver con la vida antes de la entrada del pecado en el corazón del hombre.

Lamentablemente, siempre encontramos escusas para justificar nuestro pecado, lo llamamos de mil formas para rebajarlo: Siempre ha sido otro el que lo empezado, o en el peor de los casos, otro el que lo ha hecho. Pero Dios sigue buscándonos, sigue esperando oír de nuestros labios: “Contra ti, sólo he pecado”.

La verdad y la vida están tan unidas como la mentira y la muerte. La introducción de la mentira en este mundo nos inyecta la muerte inevitablemente. Del mismo modo, regresando a la verdad, volveremos a respirar el espíritu de vida perdido. O somos hijos de la verdad o somos hijos de la mentira, porque sólo podemos tener un padre. Debemos escoger a quien queremos estar sujetos. Porque ambos siempre tienen deseos contrapuestos, y sólo nosotros decidimos a quien de los dos servimos.

ÉXODO 34

Padre amado. Hoy te alabamos y bendecimos por tu inmensa santidad. Perdona, todas aquellas veces que la pasamos por alto. Te alabamos y bendecimos porque eres el Dios de toda compasión y toda misericordia ¡Cuán grande es tu paciencia con nosotros! Tu fidelidad es inquebrantable y tu amor nos acompaña generación tras generación. Perdonas nuestra iniquidad, rebelión y pecado, pero no pasas por alto nuestra culpa. Justamente cosechamos lo que sembramos. Haznos ver las onerosas consecuencias de nuestro pecado. Por tu gracia, endereza todo aquello que hemos torcido. Y doblega nuestro espíritu en sincera adoración a ti. Porque grande es tu favor, acompáñanos te pedimos. Porque ciertamente somos un pueblo terco y rebelde. Pero ten misericordia de nosotros y tómanos por tu especial tesoro.

Manifiesta tu poder entre nosotros para que muchos lo vean y crean, apártanos de toda idolatría. Que no sigamos los caminos de aquellos que se pierden. Que tú seas el único objeto de nuestra adoración. Que no nos olvidemos de celebrarte juntos en la congregación. Que nuestras vidas sean un continuo sacrificio de adoración y alabanza. Graba tus mandamientos en nuestros corazones. Y que nuestro rostro refleje tu presencia en nuestras vidas. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

EFÉSIOS 2

Señor, alabado y bendito seas por habernos dado vida juntamente con Cristo. Por habernos librado del pecado y la muerte, por habernos salvado en tu Gracia. Bendito seas por habernos sentado a tu diestra en los lugares celestiales, por la fe que has puesto en nuestros corazones, porque por ella nos vas moldeando día a día para buenas obras, aquellas que nos has preparado de antemano.

Gracias por habernos incorporado a tu pueblo mediante la sangre de tu hijo. Por habernos llenado de esperanza, por ser nuestra paz. Por habernos reconciliado en la cruz, y por habernos dado un mismo Espíritu por el cual tenemos acceso al Padre.

Gracias, también, por las Escrituras, y por ser tú nuestra piedra angular, aquella sobre la cual somos edificados para morada de Dios en el Espíritu. En el nombre de Jesús. Amén.

PROVERBIOS 9

Señor, hoy también te pedimos sabiduría. Te alabamos y bendecimos porque no la niegas a nadie, y la das en abundancia a todo aquel que la pide.

Nos gozamos en ella, porque nos nutre y nos es fuente de felicidad. Nos hace ver nuestros propios errores, hace germinar el amor en nuestros corazones, y nunca deja de hacernos más sabios que ayer.

Pon en nuestros corazones su semilla: Tu santo temor, y llénanos de tu conocimiento para saber lo que es la santidad. Haznos ver que sólo la sabiduría podrá añadir años de vida a nuestra existencia.

Líbranos también hoy de caer. Que ninguna voz nos seduzca haciéndonos caer en la codicia, el robo o la mentira. Y que ningún placer nos haga huéspedes del mismo infierno. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.

JUAN 12

Señor. Mueve nuestros corazones de tal forma que derramemos nuestras vidas en sacrificio vivo mediante acciones de gracias. Ayúdanos a no aferrarnos a los bienes materiales, muéstranos cómo ponerlos a tus pies.

Te pedimos hoy especialmente por aquellos que sufren persecución. Aquellos que, habiendo sido salvos, sufren peligro de muerte a causa de su nueva condición.

Guárdanos de las multitudes que hoy te alaban, y mañana no te conocen. Sea nuestra adoración sincera, sabiendo que vienes pronto a instaurar tu Reino y que nada lo va a detener.

Ayúdanos a poner nuestra vida a tus pies, aunque ello conlleve aborrecerla. Haz que la guardemos para Vida Eterna. Danos luz y fuerzas para seguirte y servirte, pues no dudamos de toda la honra que el Padre nos tiene preparada.

Te damos gracias por tu valentía, amor, humildad y determinación para salvarnos. Porque no te negaste a morir en la cruz a favor nuestro. Te alabamos y bendecimos porque has vencido y sólo tú mereces toda nuestra gratitud y adoración.

Haznos, pues una generación fiel en medio de tanta incredulidad. Abre nuestros ojos para que podamos comprender y ser sanados. Mueve nuestros corazones a dar fiel testimonio de nuestra fe. Que no prefiramos la gloria de los hombres a la tuya. Que tu Palabra guíe nuestros pasos. En el nombre de Jesús. Amén.

ÉXODO 33

Gracias Señor por haberte comprometido a “sacarnos de aquí”, no dejes que nos venzan las ganas de “quedarnos”.  Te agradecemos habernos concedido la promesa hecha a Abraham, Isaac y Jacob en Cristo Jesús. Te agradecemos tu voluntad de acompañarnos todo el camino hasta que volvamos a la Tierra Prometida. Confiamos, y sabemos, que tu provisión, y protección no faltarán todo el trayecto. Te pedimos también perdón por ser tan tercos y desconfiados. Haznos mansos, fieles y humildes como tú eres. Te agradecemos el no habernos abandonado, aun mereciéndolo.

Muéstranos ahora tu voluntad por la gracia que hemos hallado ante tus ojos. Y que tu presencia nos acompañe todo el camino. Nos conforta saber que conoces nuestro nombre, porque sólo tú puedes darnos descanso. Muéstranos tu gloria para seguirte. En el nombre de Jesús. Amén.

EFÉSIOS 1

Alabado y bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor, porque nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Porque nos escogiste desde antes de la fundación del mundo para ser sin mancha delante de tus ojos. Por tu gloriosa gracia nos has hecho tus hijos por medio de Jesucristo. Porque por su sangre hemos sido redimidos y nuestros pecados han sido perdonados. Te damos gracias por los planes gloriosos que estas preparando tanto en el Cielo como en la Tierra. Mantén viva, Señor, esta gloriosa esperanza en nuestros corazones.

Gracias por habernos mostrado la verdad y por haber sellado nuestra redención con la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Gracias Señor por la fe que nos es común a todos los miembros de tu iglesia. Infunde ahora tu amor entre nosotros, danos espíritu de sabiduría para conocerte mejor. Que nuestros ojos sean abiertos para ver cuán gloriosa es nuestra herencia en ti, así como el tremendo poder de nuestra fe. El mismo poder que te resucitó al tercer día, te sentó a la diestra del Padre, y te ha puesto por cabeza de la iglesia, que es tu cuerpo en la Tierra. Alabado seas por tanta dicha. En el nombre de Jesús. Amén.