Efésios 2:8-9

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Efe 2:8-9)


Mi esperanza no está fundada en otra cosa
Que en la sangre y la justicia de Jesús;
No me atrevo a confiar en más bella estructura,
Pues mi punto de apoyo es solo el nombre de Jesús;
EDWARD MOTE (1797-1874)


Mi Padre Celestial, te agradezco la sublime gracia del Señor Jesucristo que me ha llevado a tener comunión contigo. No conozco gozo mayor que tu compañía. Amén.

1 Samuel 2:2

No hay santo como el SEÑOR; en verdad, no hay otro fuera de ti, ni hay roca como nuestro Dios. (1Sa 2:2)


¡Adorad al Salvador, vosotros los que le conocéis!
¿Quién puede decir cuánto le debemos?
Con alegría rindámonos a Él,
Todo lo que somos, y todo lo que tenemos.
THOMAS KELLY (1769-1855)


Te alabo, oh Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque solo tú eres digno de mi alabanza y adoración. Te la doy hoy en sacrificio. En el nombre de Jesús. Amén.

Josué 6:13

13. Así que los siete sacerdotes empezaron a tocar las siete bocinas de cuerno de carnero. Da la sensación que, más que empezar un ataque, lo que está empezando es un festival de adoración y alabanza. Y es que no había para menos, pues lo que hacían aquellos sacerdotes en realidad era proclamar la victoria sobre la ciudad. Todo aquel sonido no era otra cosa que el sonido de la adoración y la alabanza que rendían a Dios por su victoria. Ello, probablemente nos recuerda que nunca debemos dejar de ser agradecidos a nuestro Dios por su obra, pasada, presente y futura. El pueblo de Israel no estaba representando ninguna farsa. Allí estaba el arca de Dios, allí estaba su presencia y su palabra como garantía de lo que iba a acontecer. Allí estaba Dios sosteniéndolos con su poder.

Dios es muy paciente y bondadoso, de hecho, el Señor estaba incluso ofreciendo a los habitantes de aquella ciudad una oportunidad para arrepentirse, porque “Dios no contenderá con el hombre para siempre”. Así que el juicio de Dios, cuando venga sobre la ciudad será quizá cruel a nuestros ojos, pero justo a la luz de Dios. Porque al final cada uno recibirá conforme a sus obras, porque es solo mediante el arrepentimiento que uno puede cambiar. Porque Cristo solo puede ser Rey de aquellos que previamente se han arrodillado en arrepentimiento..

La vida del creyente es una vida de constancia, y de continuidad. Por fe creemos la Escritura porque ellas nos hablan de Jesucristo, por fe obedecemos a nuestro Señor, por fe soportamos el oprobio de los hombres, por fe sufrimos y esperamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Es a causa de la fe que el apóstol Pablo nos insta a no cansarnos de hacer el bien, porque el Señor ha prometido que a su debido tiempo cosecharemos, si no desmayamos.

Pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo.
(Mat 24:13)

Éxodo 13:21-22

El SEÑOR iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. No quitó de delante del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche. (Éxo 13:21-22)


Necesito tu presencia cada hora que pasa;
¿Qué otra cosa sino Tu gracia puede frustrar el poder del tentador?
¿Quién como tú mismo, puede ser mi soporte y mi guía?
A través de la nube y de la luz del sol, habita en mí, Señor.
HENRY F. LYTE (1793-1847)


En tu presencia, Oh Señor y Dios me inclino en reverencial adoración y alabanza. Cuando te alabo te descubro, pero también me descubro a mí mismo. En el nombre de Jesús. Amén.

Mateo 18:4

Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. (Mat 18:4)


Escucho decir al Salvador,
“Tu fortaleza es ciertamente pequeña;
Débil criatura, vigila y ora,
Encuentra en mí, tu todo en todo”
ELVINA M. HALL (1822-1889)


Oh Señor, vengo ante ti simplemente como un niño, sabiendo que ante ti no soy nada. Sé hoy tú, mi todo en todo, te lo ruego. En el nombre de Jesús. Amén.

Josué 6:12

12. Josué se levantó bien de mañana, a pesar de tener unos 80 años, y como era su costumbre, se levantó especialmente temprano para poner delante del Señor todo aquello que Dios le había encomendado. Es sabio el refranero español cuando afirma que “quien madruga Dios le ayuda”. Y también es bueno dar las primicias del Día al Señor. Así lo hacía nuestro amado Salvador cuando estuvo entre nosotros. Debemos pues presentarnos de mañana delante de Él en oración dispuestos a dedicar cada día de nuestra vida a nuestro Dios en sacrificio santo y agradable a Él.

Estar en su presencia, escuchar y guardar la Palabra de Dios, no hay tarea mejor para el sacerdote de Dios. No podemos dar sin antes recibir. No podemos “andar por las aguas” si el Señor no nos sostiene. Nunca debemos confiar en nuestras propias fuerzas, sino que todo esfuerzo debe ser dedicado al Señor para que lo bendiga. Solo el Espíritu de Dios conoce a Dios, y solo el espíritu del hombre conoce al hombre. Solo cuando Él crece y nosotros menguamos se produce esta maravillosa relación de amor y conocimiento mutuo.

Como sacerdotes del Señor somos responsables de llevar el mensaje del Evangelio en nuestras vidas, es nuestra responsabilidad guardarlo y darlo a conocer a aquellos que nos observan desde “sus fortalezas”. Debemos poner de manifiesto nuestra confianza en el Señor Jesucristo obedeciéndole en todo, fiándonos de cada una de sus palabras, amándonos y sirviéndonos tal y como Él nos ha enseñado. Llevando también el Evangelio hasta lo último de la Tierra.

Nuestro trabajo es ministrar. Esto significa llevar un mensaje, una Palabra que no es nuestra, sino del Señor Jesucristo. Es por ello que no debemos guardarnos de fingir, o inventar ningún otro evangelio que el suyo. Porque el mensaje ya está escrito y ya se ha humanado en la persona de Jesucristo. Nuestra misión hoy es abrir la puerta que permita al Espíritu Santo actuar en nosotros, sus siervos, y en aquellos que nos escuchan y ven.

Qué duda cabe que solo el Señor puede abrir nuestros ojos y los de aquellos que nos observan, solo Él puede curarnos, aunque para ello deba aplicarnos algún tratamiento ocular ¿dejaremos que nos aplique barro y su saliva si hace falta? ¿Seremos capaces de andar a ciegas un breve trayecto hasta el lago de Siloé para lavarnos y poder ver?

¿Cuánta es nuestra fe? Porque fe es lo que necesitamos. Noé no tenía prueba ninguna de que el diluvio fuera a acontecer, sin embargo nos dice la Escritura que “diligentemente” y “reverentemente” se puso a construir el arca. Por ello salvó a los que pertenecían a su familia, y condenó a los impíos. Por su fe en Dios Noé heredó una justicia que no le pertenecía.

Por la fe Abraham obedeció el llamado de Dios y lo dejó todo para ir a un lugar que ni conocía, ni le pertenecía, aunque Dios se lo iba a dar en heredad.

Desde luego, ninguna fortaleza jamás se tomó del modo en que aquellos israelitas iban a tomar la ciudad amurallada de Jericó. Sin duda, aquella fue una forma de probar la fe de Josué y de Israel. Y es que cuando se prueba la fe, en realizad lo que se prueba es la obediencia a la voluntad de Dios. Desde luego lo que el Señor les estaba pidiendo no era fácil. Hacer un ridículo tan espantoso y exponerse a aquel peligro, no un día sino siete, no era cualquier cosa.

Pues bien, esto es lo que el Señor nos pide: una “marcha diaria” con poco, o ningún conocimiento del mañana (No te jactes del día de mañana, porque no sabes qué traerá el día. Pro 27:1; Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas. Mat 6:34).

Su madre dijo* a los que servían: Haced todo lo que El os diga.
(Juan 2:5)

Isaías 40:5

Entonces será revelada la gloria del SEÑOR, y toda carne a una la verá, pues la boca del SEÑOR ha hablado. (Isa 40:5)


Jesús, sé tú nuestro único gozo,
Pues tú serás nuestro galardón;
Jesús, sé tú nuestra gloria ahora,
Y por toda la eternidad.
BERNARD DE CLAIRVAUX (1090-1153)


Espíritu Santo, fuego divino, deshaz esa dureza que hay dentro de mi corazón, la que impide que experimente la plenitud de tu presencia. En el nombre de Jesús. Amén.