Señor que estás en los Cielos, perdona nuestro ensalzamiento contra ti, porque hemos alabado a dioses de plata y oro, bronce, hierro, madera y piedra, a pesar que ellos no oyen, ni entienden. Ten misericordia de nosotros, Oh Señor. Tú que tienes en tu mano nuestro propio aliento, y eres dueño de todos nuestros caminos, perdónanos por no haberte glorificado. Te lo rogamos en el nombre de nuestro Salvador y Señor Jesucristo. Amén.
Autor: Carlesmile
Exp. bíblica 1: Una esperanza firme: El testimonio de una identidad singular.
SALMOS 3:3
3. El Señor no nos ha prometido una vida sin adversidades, pero sí nos ha prometido ser nuestro escudo, nuestra gloria, y el que nos levanta cuando caemos. Pero todo esto es así, o nos damos cuenta que es así, cuando dejamos de confiar solo en nosotros mismos, cuando dejamos de buscar nuestra propia gloria, y cuando dejamos de actuar movidos exclusivamente por nuestros propios intereses o razonamientos. En definitiva, para levantarnos primero debemos admitir que nos hemos caído.
¿A quién acudimos en el día de la adversidad? ¿Acudimos al Señor, o más bien nos parece una buena excusa para dejarlo? ¿Dónde hacemos nuestra fortaleza, en el Cielo, o en la Tierra? Los grandes hombres y mujeres de Dios lo fueron porque pusieron sus pies sobre la roca más alta, la inconmovible, la que llega al mismo trono de Dios.
Nuestra condición de hijos de Dios no debería alimentar…
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XII Mostra de Cinema Espiritual de Catalunya
Seamos buenos administradores :-)
SALMOS 3:2
Origen: SALMOS 3:2
La mayoría humana no puede con la minoría divina. Aun así, son muchos los hombres que no creen en el camino de la misericordia y de la justicia. Son muchos los que viven para juzgar, pero no para perdonar. Muchos no creen que el camino que trazó el cordero de Dios sea el camino por el cual se deba de andar. Muchos hablan piadosamente, pero siguen andando carnalmente. Muchos creen en el fondo: Solo el hombre puede salvar al hombre.
SALMOS 3:1
Salmos 3:1. Tener enemigos por causa del Evangelio es lo normal, no la excepción. Vivir íntegramente, piadosamente, con temor de Dios puede producir cualquier cosa excepto la indiferencia entre aquellos que nos rodean. Así que juntamente con aquellos que nos aman, también emergen aquellos que nos odian.
La indignación en el corazón del creyente no debería ser la constante, pero no podemos vivir constantemente sin experimentar la ira eventualmente. Podemos airarnos, el mismo Señor Jesús lo hacía, pero la indignación debe durar un tiempo muy limitado, y en ningún caso debemos utilizar la ira como una palanca para pecar. Aquí, lo realmente difícil para nosotros es airarnos sin pecar.
Nuestros enemigos pueden aparecer de todas partes, principalmente de entre las personas más cercanas. Absalón era hijo de David, Absalón ofrecía incluso sacrificios a Dios mientras conspiraba contra su padre. El rey del pueblo de Dios.
No siempre la mayoría…
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JOSUÉ 6:21
Josué 6:21. El panorama que nos describe este versículo es desolador. Sería esa escena de la película que hace que el largometraje sea para mayores de 18 años. Hay dos aspectos a tener en cuenta que deberían impedir que frivolicemos acerca de este espantoso acontecimiento:
- El primero es que debemos tener en cuenta quien da la orden de realizar esta destrucción: Dios mismo. Nosotros solo vemos de puertas afuera, pero Dios tiene una visión de más de 360 grados. Él no solo veía la maldad que ocurría dentro de la ciudad. También era testigo de lo que ocurría en el corazón de cada ciudadano de Jericó. Las obras de aquellos ciudadanos con toda seguridad eran deplorables. Dios es justo, y tres veces santo, por lo tanto no dejará a nadie impune, y cada uno recibirá su justa retribución.
- El segundo aspecto a tener en cuenta es la dimensión y…
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JOSUÉ 6:20
20. Dios ha preparado un día para sí mismo en el que vamos a poder dar rienda suelta a nuestro gozo. Habrá un día en que el pueblo de Dios será vindicado, vamos a poder gritar porque por fin el Reino de Dios vendrá y los reinos de este mundo serán conmovidos. Será día terrible de justicia. Todo este mundo tan injusto se derrumbará al sonar de las trompetas, y cada uno recibirá su merecido.
Nuestro último enemigo, la muerte, será derrotado. La Resurrección es nuestra esperanza por excelencia. La sangre derramada allí en la cruz dará su fruto a su debido tiempo. Los que hemos sido redimidos por su sangre hemos muerto con Jesús en la cruz, pero también hemos resucitado con Él, y juzgaremos con Él porque también hemos sufrido con y por Él.
Una vez más el poder de la fe se pone de manifiesto. La…
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EL BIEN MÁS NECESARIO
Cuídate de no olvidar al SEÑOR tu Dios dejando de guardar sus mandamientos, sus ordenanzas y sus estatutos que yo te ordeno hoy; (12) no sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, (13) y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y oro se multipliquen, y todo lo que tengas se multiplique, (14) entonces tu corazón se enorgullezca, y te olvides del SEÑOR tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre. (15) El te condujo a través del inmenso y terrible desierto, con sus serpientes abrasadoras y escorpiones, tierra sedienta donde no había agua; El sacó para ti agua de la roca de pedernal. Deuteronomio 8:11-15
Somos sumamente olvidadizos. Qué rápido olvidamos al que nos ha salvado y nos da tantas bendiciones. La verdad, en las Escrituras, no es solo algo que se abraza mentalmente, también es algo que llega a formar parte de tu vida, es algo a lo que nos sometemos, en definitiva.
Cuando nos olvidamos del Señor, pues, no necesariamente dejamos de tenerlo presente en nuestra mente. Olvidarse del Señor significa simplemente no obedecerle. Su Palabra y su testimonio dejado en las Escrituras deben ser creídos, por lo tanto deben afectar toda nuestra manera de vivir. Si hay algo fresco y actual son las Escrituras, todo pasa, y todo pasará, pero la Palabra del Señor permanece para siempre. Tenemos algo firme en lo que confiar, que es nuevo cada mañana, como aquel maná celestial.
Al menos en occidente, el enemigo más devastador del pueblo de Dios no es la persecución, sino la prosperidad. Estar saciados, habitar en la comodidad que nos ofrecen nuestros hogares, nuestra seguridad social, o nuestras mutuas médicas, los seguros, las cuentas corrientes con saldos de varios dígitos, etc… Todas estas cosas son bendiciones dadas por Dios, pero también pueden llevarnos fácilmente al peor de los pecados: “El orgullo”, si no hacemos algo para remediarlo: “Tener como prioridad amar y obedecer la Palabra de Dios”.
Sujetarnos a la Palabra de Dios, recordar la muerte del Señor Jesucristo mediante los símbolos, son maneras de humillarnos y tener presente que fuimos Salvados de la muerte y la condenación eternas por la sangre derramada en la cruz por nuestro Señor Jesucristo. Debemos recordar que antes éramos esclavos del pecado, y que volveremos a serlo si el orgullo vuelve a tomar las riendas de nuestras vidas. La sangre de Cristo no solo nos salva, también nos limpia de todo pecado.
La vida del hijo de Dios es una vida de adversidad y dificultades, aunque no por ello el Señor dejará de proveernos de fuerzas y de todo lo necesario para esta dura y larga travesía. En ella encontraremos mordeduras de serpientes que nos harán caer, escorpiones que pondrán en peligro nuestras vidas, etc… Para los que hemos emprendido este camino, nuestra andadura es una empresa temeraria, andamos por fe, con lo puesto, sin la necesaria provisión, humanamente hablando, apenas vemos. Y somos tan insensatos que dependemos de una vara y una roca para poder beber. Pero el Señor sacó agua de la Roca más dura para nosotros. De aquel lugar más insospechado el Señor sacó agua para saciarnos por siempre.
Jesucristo es nuestra agua de vida. Él ha llenado nuestras vidas. Nadie podía sospechar que de una afrentosa cruz pudiese emanar la preciosa sangre de Cristo que nos ha redimido, quitado el pecado, y dado una nueva vida. Vida Eterna en Él.
En Él podemos estar tranquilos, porque su amor es para siempre. Es en tierra seca donde encontramos al Señor, allí fue donde su Pueblo convivió con Él. No en la abundancia. Solo Él puede hacer ríos en el desierto. Cristo es hoy nuestra roca, de la cual todos hemos bebido y tenemos que beber. Tal como ocurrió a Israel en Masah, esta roca, muchas veces, no es más que una prueba que hemos de pasar, Dios nos prueba para ver si somos capaces de tener como esperanza el “beber de una roca” mientras aumenta nuestra sed. Porque Dios continúa queriendo oír de nuestros labios: “No te dejaré hasta que me bendigas”.

