Señor, desata nuestros oídos para que escuchen y entiendan la sabiduría. No dejes que nos conformemos con los rudimentos de los hombres. Ayúdanos a desechar la mentira. Prefiriendo siempre la palabra de tus labios al oro y la plata.
Por tu santo temor haz que aborrezcamos el mal. Desnúdanos, para ello, de arrogancia y orgullo. Fortalécenos vistiéndonos de tu consejo, y entendimiento. Pon tu amor en nosotros. Ayúdanos a buscarte constantemente. Danos las riquezas de tu gracia, la honra y la justicia. Porque los frutos de tu Espíritu son mejor que oro refinado.
Alabado seas porque por tu sabiduría lo has creado todo, y por ella te gozas en la obra de tus manos. Y todo aquel que la halla, encuentra la vida y obtiene tu favor, mas todos los que la desprecian, aman la muerte y te tratan con desdén. En el nombre de Jesús. Amén.