Hoy alabamos y bendecimos al Señor por su deidad. Porque él es el Eterno, el único Dios verdadero. Porque todas las cosas fueron creadas por Él, y por Él subsisten. Porque Él es la única luz que puede sacarnos de la oscuridad. Y por ella, le hemos reconocido y hemos sido vivificados.
Pedimos que el reflejo de su luz sea manifiesto en nuestro testimonio para que todos los que nos observan puedan creer en el Evangelio a través de Él. Le alabamos y bendecimos porque, tras haberle recibido por la fe, hemos sido declarados hijos de Dios.
Le alabamos y bendecimos porque en su humanidad vimos su gloria, gloria recibida del Padre, llena de gracia y de verdad. Le alabamos porque Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Le agradecemos, también, su generosidad con nosotros tras habernos bendecido con toda bendición espiritual. Porque en Él (Jesucristo) recibimos la Gracia y la Verdad.