2 CORINTIOS 12

Padre amado, perdona toda nuestra vanagloria. Haznos ver que, gloriarse en uno mismo no sirve de nada. Te damos gracias por todo lo que nos has revelado, por todas las riquezas celestiales que hay detrás de nuestra esperanza en Cristo Jesús. Mientras tanto, danos paciencia y ánimo para soportar nuestros “aguijones” terrenales. Todo aquello que nos humilla a través del sufrimiento.

Sabemos, en el fondo, que te hemos de dar gracias por todas nuestras flaquezas y debilidades. Porque en ellas descansa tu poder, y en ellas nos fortaleces. Aparta, pues, todo espíritu de superioridad espiritual o moral, tanto en nosotros, como en aquellos que nos ministran.

Te pedimos perdón por nuestra poca paciencia, y falta de amor. Te rogamos, una vez más, que tu amor cubra todas nuestras faltas. Que no haya entre nosotros discordias, envidias, enojos, egoísmos, habladurías, críticas, orgullos o toda forma de desorden. Ayúdanos a vivir y a hablar constantemente en tu presencia, sin nada que ocultar. Que no tengas que avergonzarte de nosotros. Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

JOB 42

Hoy, postrados y humillados, admitimos que tú Señor lo puedes todo. Que no hay nada imposible para ti ¿Quién somos nosotros para dudar de tu providencia? ¿Qué otra cosa podemos hacer que no sea mostrar nuestra ignorancia? Te pedimos perdón por todas aquellas veces que hablamos cosas que, en realidad, no entendemos ¡Cuántas veces nuestras voces acallan tus palabras! ¡Cuánto tiempo llevamos ignorando tus preguntas! ¡Cuánto silencio recibes por respuesta!

Admitimos que hemos de pasar por pruebas y dificultades para conocerte de veras. Que es mediante el sufrimiento que te vemos cara a cara. Por eso te pedimos perdón y nos retractamos arrepentidos admitiendo nuestra triste condición.

Más henos aquí, para servirte en toda nuestra manera de vivir. Aunque los hombres nos maltraten, sabemos que tú nos vindicarás. Apártanos, Señor, de toda palabrería, de la mentira, y guíanos en la verdad. Ayúdanos a permanecer fieles en la oración y en el poder de tu Gracia.

No permitas que seamos varas de juicio, sino testimonios vivos y eficaces de tu Evangelio. Gracias por las abundantes riquezas que has preparado para todos aquellos que te aman sinceramente.

JUAN 3

Hoy pedimos al Señor que, habiendo nacido de nuevo, nos muestre su Reino. Pedimos el difícil, pero necesario abandono a su Espíritu. Dejar que Él nos mueva y nos dirija, a pesar de la incertidumbre e inseguridad que ello conlleva.

Adoramos al Señor, y le damos gracias por haber derramado hasta la última gota de su amor por nosotros muriendo en la Cruz en nuestro lugar. Le agradecemos la salvación eterna de la cual ya somos partícipes habiendo creído.

Nos acercamos pues a la luz, habiendo sido perdonados, no tenemos nada que temer. Pudiendo ver con claridad, pedimos fuerzas al Señor para seguir sus pasos. Ahora sabemos que no podemos tener nada si Dios no nos lo da primero. Y que necesitamos que el crezca mientras nosotros menguamos.

Pedimos fe para oír y creer a aquel que está por encima de todos. Porque, al contrario de los hombres, Él es veraz. Y Dios no niega a nadie su Espíritu. Nos entregamos pues a Él en gratitud por habernos salvado eternamente.

ÉXODO 24

Hoy agradecemos al Señor su cercanía. Le agradecemos su revelación en Cristo Jesús, así como en su Palabra. Una vez más renovamos nuestro voto delante de Él, humildemente, sabiendo que lo difícil vendrá a partir de ahora.

Le damos gracias por su sacrificio en la Cruz. Porque sólo por su sangre nos ha redimido y nos ha limpiado de todo pecado. Le agradecemos habernos hecho piedras de su santo templo. Porque confiamos en el poder de su sangre, no sólo para salvarnos, sino también para hacernos obedientes.

Le damos gracias por el gozo de nuestra Salvación, y por la abundancia de todas sus promesas.

Le pedimos fidelidad, esperanza y amor. Tomarnos en serio su Palabra. Y creer en Él, aunque hoy le cubra una nube, porque tenemos la certeza de que pronto se manifestará con gran poder y gloria.

2 CORÍNTIOS 11

Hoy pedimos tener presente el Evangelio en toda nuestra concepción de la vida. Aún a sabiendas que es una auténtica locura. Pedimos también no dejarnos seducir por “otros” evangelios más “razonables” o “convenientes”.

Que nuestro deseo sea presentarnos delante de Cristo sin mancha. Sin nada de qué avergonzarnos.

Que no nos dejemos “engatusar” por todos los “super-apóstoles” que han salido a reinventar el Evangelio. Que no evaluemos la vida o las personas a través del prisma del dinero o la prosperidad económica. Más bien, tengamos claro que seguir al Señor conlleva la adversidad, la vulnerabilidad, el peligro y el menosprecio de muchos. Porque, ciertamente, sólo podemos gloriarnos en nuestra debilidad.

JOB 41

Hoy nos postramos y adoramos a nuestro Dios por la grandeza de la naturaleza y todos sus elementos. Humildemente nos postramos delante de Él y reconocemos que no podemos “domesticarla” a nuestro antojo, pues sólo Él tiene pleno poder sobre la Creación. Y toda ella le pertenece.

JUAN 2

Hoy damos gracias al Señor por habernos hecho partícipes de su gozo. Le damos gracias por podernos alegrar en la comunión que nos otorga su Gracia y su misma presencia.

Le damos gracias por ese gozo, aunque no esté exento de sufrimiento. Pensamos en todo lo que le costó a Él, muriendo allí en la cruz por nosotros. Entendemos, pues, que el verdadero gozo en la vida se obtiene a través del sacrificio. Pero también vemos que no existe mayor gloria. También pedimos al Señor no manchar lo santo con lo profano. Huir de cualquier tentación que implique mercadear con lo santo. Que las pasiones de esta vida y el amor al dinero no enturbien nuestro testimonio mientras arruinan nuestras vidas. Porque el celo de nuestro Señor por su iglesia no lo pasará por alto. Porque, ciertamente, Él no nos necesita, y nada detendrá su Reino. Afirmemos hoy pues nuestra fe, porque no tenemos que demostrar nada a aquel que sabe perfectamente como somos.

ÉXODO 23

Hoy pedimos al Señor que nos aparte de la mentira, siempre foco infeccioso de toda maldad. Le pedimos que nos ayude a abandonarlas, aunque las multitudes las crean o las sigan. Que no pervirtamos la justicia por haber descuidado la verdad. Le pedimos al Señor que nos aparte de todo prejuicio o favoritismo (véase sexismo, racismo, clasismo, etc.) Y que no nos olvidemos de ayudar a los necesitados, incluso cuando estos sean nuestros enemigos.

Pedimos también reservar siempre un tiempo tanto para descansar, como para orar y meditar su Palabra. Porque también es necesario gozarnos en Dios y en todo lo que Él nos ha dado. Y que no excluyamos a los necesitados de nuestra bendición.

Que disfrutemos de toda reunión convocada por Él como una celebración santa. Que no vayamos meramente a recibir, sino también a traer nuestras primicias al Señor.

También pedimos que nos tomemos en serio realidades espirituales tales como la de que su presencia nos acompaña constantemente. Que su ángel nos protege y nos guía, pero también está atento a todos nuestros actos de rebeldía. Porque vivimos en medio de una sociedad sumamente idólatra y las tentaciones y peligros no son pocos.

2 CORINTIOS 10

Hoy pedimos al Señor abandonar toda carnalidad. Que nuestras motivaciones no tengan nada que ver con los intereses, las estrategias y el egocentrismo de este mundo. Más bien que nuestro poder sea del Espíritu Santo, para derrocar fortalezas espirituales de maldad.

Porque Él es el único que puede capacitarnos para refutar toda teoría, razonamiento o altivez erguido contra el verdadero conocimiento de Dios. Y para ello, debemos primeramente llevar todo pensamiento cautivo a Cristo.

Pedimos, pues, ser reflejo de su Gloria, y no negarla a nadie. Tampoco a aquellos que también son nuestros hermanos. Porque todo poder y autoridad de Dios sólo pueden edificar su iglesia, nunca destruirla ni diezmarla. Por ello pedimos que nuestras obras correspondan siempre con nuestras palabras.

Pedimos también no poner límites al poder de Dios. Que no haya “competencia” entre nosotros, siendo todos miembros de un mismo cuerpo y portadores de un solo Evangelio. Que nuestra única gloria sea Cristo. Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba.

JOB 40

Hoy pedimos aceptar todas aquellas situaciones adversas que no entendemos. Pedimos abandonar todo empeño de contender con el Altísimo. Pedimos aceptar nuestra vileza y pequeñez delante de su poder, majestad y justicia.

Pedimos humildad y mansedumbre para callar, y para estar atentos a todas sus preguntas. Porque detrás de todo torbellino está Dios esperando una respuesta. Admitamos que la ira y el orgullo no tienen cabida delante de su presencia. Que Dios calla toda altivez humana a través de nuestras propias pruebas. Admitamos que no nos podemos salvar, por nosotros mismos, en modo alguno.  Que no podemos controlar ni manejar la vida a nuestro antojo.