Padre amado, aparta de entre nosotros cualquier espíritu inquisitivo. Que no sea nuestra dedicación escrutarnos mutuamente. Más bien te pedimos que nuestro empeño sea descubrir a Cristo entre la comunión de los miembros de su iglesia. Por ello pedimos que nuestro amado Salvador se haga fuerte entre la humildad de su pueblo. Que la debilidad del Crucificado sea nuestra fortaleza.
Que cambiemos el examinarnos los unos a los otros por el auto escrutinio. Que testeemos a Cristo viviendo en nosotros por la fe. Que abandonemos todo empeño de frenar la verdad, más bien nos unamos a ella. Que entendamos que sólo por nuestra debilidad vendrá nuestra restauración.
Mientras tanto, que nuestra pasión sea: regocijarnos en el Señor, contribuir a la restauración de todas las cosas, confortarnos los unos a los otros, buscar la concordia, y vivir en paz. Siempre arropados por la Gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo. Amén.