Hoy pedimos al Señor que nos aparte de la mentira, siempre foco infeccioso de toda maldad. Le pedimos que nos ayude a abandonarlas, aunque las multitudes las crean o las sigan. Que no pervirtamos la justicia por haber descuidado la verdad. Le pedimos al Señor que nos aparte de todo prejuicio o favoritismo (véase sexismo, racismo, clasismo, etc.) Y que no nos olvidemos de ayudar a los necesitados, incluso cuando estos sean nuestros enemigos.
Pedimos también reservar siempre un tiempo tanto para descansar, como para orar y meditar su Palabra. Porque también es necesario gozarnos en Dios y en todo lo que Él nos ha dado. Y que no excluyamos a los necesitados de nuestra bendición.
Que disfrutemos de toda reunión convocada por Él como una celebración santa. Que no vayamos meramente a recibir, sino también a traer nuestras primicias al Señor.
También pedimos que nos tomemos en serio realidades espirituales tales como la de que su presencia nos acompaña constantemente. Que su ángel nos protege y nos guía, pero también está atento a todos nuestros actos de rebeldía. Porque vivimos en medio de una sociedad sumamente idólatra y las tentaciones y peligros no son pocos.