Hoy pedimos protección para no caer en la tentación de traicionar a Jesús a cambio de ningún beneficio.
Le alabamos y le bendecimos por la libertad que tenemos de reunirnos en su nombre y poder celebrar el amor que le llevó a morir en la cruz en sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Le agradecemos la pasión que mantuvo hasta el fin. Porque transformó su terrible sufrimiento en gozo para nosotros. Le alabamos por abrirnos la puerta de su Reino, simbolizada en la Pascua que Él cumplió. Y por el pan y el vino de su mesa, que nos recuerdan su compromiso de celebrarla de nuevo con nosotros.
Le agradecemos pues su entrega en la Cruz. Porque en su cuerpo hemos muerto, y en su sangre nos ha dado su vida.
Pedimos pues, el espíritu de sacrificio y servicio que nuestro Señor siempre mantuvo. Que sea manifiesto entre nosotros. Y su protección contra las acechanzas del diablo, pues no ignoramos sus artimañas para diezmarnos y destruirnos. Pedimos, por lo tanto, endereza y valentía para afrontar los tiempos difíciles que nos esperan. Porque la conclusión de la historia está cerca. Y la oración es la única vacuna eficiente para no caer en la tentación.