Hoy pedimos al Señor mucho temor para hablar en su nombre. Que nunca caigamos en el error de pensar que Dios “necesita nuestra ayuda”. Que tengamos claro que no representamos su conocimiento, y tampoco su justicia. Porque sólo Dios es veraz, y sólo Él posee la perfecta sabiduría. Que nunca nos familiaricemos con su grandeza y poder. Por el contrario, que su justicia nos llene de temor, y humildad. Pedimos pues que nos libre del juicio ajeno, la hipocresía, o la superficialidad. Que seamos capaces de admitir la trascendencia de sus pensamientos. Así como la omnisciencia que esconde su soberanía.