Hoy pedimos al Señor que todos aquellos que nos rodean y nos conocen nos tengan en gran consideración, siempre conforme al comportamiento ejemplar que caracteriza los hijos de Dios. Le pedimos que por nuestro testimonio todos ellos puedan entregar sus vidas a Cristo.
Que, al ver nuestra esperanza, y al conocer nuestra fe puedan darse cuenta de su necesidad de Cristo y su sacrificio en la cruz en favor de ellos. Así como del inminente juicio que se cierne sobre toda la humanidad.
Pedimos entonces, que, como pueblo de Dios, no olvidemos el sacrificio de Cristo en la cruz. Porque en ella fuimos salvados y redimidos para Él. Que no nos olvidemos de celebrar nuestra gran salvación. Y que no nos privemos de su gozo, celebrándola juntos, también a través de los símbolos.