Génesis 1:14-19

Dios forma el sol, la luna, y las estrellas (14-19).

Una vez más, las palabras de Dios diseccionan, cortan, separan, dan forma. Esta vez aparecen aquellas luces sin las cuales la vida tampoco sería posible. Los días, las noches, las estaciones, los años. Todo el sistema rotatorio de la Tierra. Hasta el día de hoy, los astros y el sistema solar cumplen el mandato divino. Todos fueron creados con un propósito, y todos se mantienen hasta el día de hoy mirando hacia la Tierra. Todos ellos son prueba de que, una vez más, la obra de Dios es y sigue siendo buena.

Deberíamos ser más conscientes de que cada vez que sale el sol, o la luna, no salen por “casualidad”, sino porque siguen el mandato divino. Todas las naciones nacen y mueren, pero el orden establecido por Dios en los cielos sigue el camino trazado por Él hasta el cumplimiento final de los tiempos.

De hecho, los astros, en especial el Sol y la Luna, parecen tener un papel importante en el Apocalipsis. Vemos como su desaparición del firmamento es señal inequívoca de que la vida tal y como la entendemos hoy ha llegado a su fin. Cosas extraordinarias ocurrirán en los cielos los últimos días. Estos astros escenificarán la última señal de alarma que anunciará que el tiempo para ser salvo está a punto de acabarse. Pero hoy, aún es posible invocar el nombre del Señor Jesucristo antes de la inminente Gran Tribulación que han de vivir las naciones y la gloriosa venida del Hijo del hombre en las nubes que le sucederá.

El Sol, la Luna, y las estrellas también son en la Escritura símbolos de la idolatría de los hombres paganos. Ciertamente, sin estos astros, no sería posible ningún tipo de adoración idolátrica. Por el contrario, para el creyente, la obra celestial es muestra y señal de un amor inamovible que dura para siempre.

Pero los astros creados por Dios no sólo serán fuente de toda luz. También serán las líneas divisorias entre el día y la noche, y reloj permanente que marque el paso de días, semanas, meses y años.

Los astros no fueron creados como códigos secretos donde poder adivinar el futuro. La astrología es un engaño y está expresamente prohibida en las Escrituras. Sin embargo, en el sol, la luna y las estrellas si hay multitud de señales naturales que nos enseñan a distribuir el tiempo, a distinguir las estaciones del año, y nos dan abundante información para la agricultura, la pesca, la ganadería y la caza. Los astros no fueron creados para que fueran adorados, sino para que adorásemos a su creador y su magnífica obra. Y así podernos gozar en ella y en quien la hizo.

De todos estos astros percibimos luz. Sin ellos la vida no sería posible. Cada astro tiene su gloria, uno para el día con suficiente luz para el desarrollo de la existencia, otros de menor intensidad para tener cierta visión nocturna y, a su vez, poder descansar y recuperar fuerzas para el día siguiente.

Queda claro entonces que los astros no tienen vida propia, sino que se sujetan a la voluntad de aquel que los creó y los ha puesto en el firmamento. Ello debería provocar en nosotros una adoración y alabanza constante al Creador de todas las cosas.